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lunes, 31 de octubre de 2016

Robert Graves - Dioses y Héroes de la Antigua Grecia (1960)



¡Es imposible! Hera ha profetizado que ni dioses ni mortales pueden matarlos.
Probablemente es así, pero todas las profecías tienen una trampa.

Desde que el hombre es hombre siempre ha tratado de comprender el mundo que le rodea. Pero los misterios suelen superar nuestro entendimiento. Por ello el hombre le dio una interpretación de seres inmortales que crearon el mundo y todas las cosas que hay en él. Abuelos, padres e hijos están atados por historias que pasaban de generación en generación.

Los griegos no fueron una excepción. Los creadores de la democracia y la filosofía tenían su propia mitología. Pero se caracteriza porque es una de las más humanas. Al contrario de ese dios misterioso y vengativo del judaísmo, los dioses abstractos de los dioses del Nilo y un gran conjunto de deidades extrañas orientales, los dioses griegos tenían sentimientos y pasiones e incluso la gran mayoría de las veces sucumbían a ellas. Muchos de los relatos que los griegos crearon sobre sus dioses no les dejan en buen lugar, y los convierte en seres mezquinos, egoístas, ridículos y no dudan en parodiarlos.

martes, 29 de julio de 2014

Truman Capote - A Sangre Fría (1966)


¿Por qué esa irrazonable ira cuando ves a otros contentos, felices y satisfechos?”

Les presento a una de las mejores obras literarias del periodismo, al nivel de maestros como Ernest Hemingway o Hunter S. Thompson. Esta obra de Truman Capote marca un antes y un después en este innoble arte que es el periodismo. Nadie llegó tan lejos en este genero, ni siquiera Thompson, que se bebió el agua de los floreros y se tragó cada pastilla conocida para acabar con la fantasía en la que se había convertido el sueño americano. No solo fueron seis largos años en el asfixiante calor de Kansas ni las incontables notas y entrevistas sobre el asesinato de cuatro inocentes sino entrar en la mente del asesino hasta el punto de comprender todas las acciones de su vida. Eso fue lo que le otorgó la fama que ansiaba y a la vez la destrucción. No volvió a publicar otra novela en su vida, ya que la creatividad literaria y la gloria requieren sacrificios que provienen del fondo del alma.

Y pensar que en principio era un simple reportaje sobre el crimen de una familia de granjeros que le había llamado la atención en el periódico, pero el olfato de este viejo sabueso olió que entre la sangre y los cadáveres se escondía esa escalera al cielo que había buscado durante tanto tiempo. Nunca había podido desayunar con diamantes, a pesar de una trayectoria exitosa, pero A Sangre Fría  conllevó la admiración de la crítica y el público, además de la envidia de sus colegas y rivales, entre ellos Norman Mailer que izó la bandera blanca en su crítica a la novela: «Es el escritor más perfecto de nuestra generación. No cambiaría ni una línea de sus libros». Era lo que buscaba, olvídense de buenos ideales periodísticos sobre que la sociedad supiese la verdad. Solo quería lo que quieren los genios como él. Fama, tener a los lectores de rodillas ante su obra y de sumergirnos, como nunca antes y después lo han hecho, en el crimen. 
 

domingo, 23 de febrero de 2014

Kurt Vonnegut – Matadero cinco [La cruzada de los niños] (1969)



 “–Tenía que hacerse –le dijo Rumfoord a Billy refiriéndose a la destrucción de Dresde.
–Lo sé –dijo Billy.
–Es la guerra.
–Lo sé. No me quejo.
–Aquello debió de ser el infierno en la tierra.
–Lo fue.
–Compadezco a los hombres que tuvieron que hacerlo.
–Yo también.”.

Llevaba tiempo, demasiado tiempo, postergando la lectura de esta novela que un buen amigo me recomendó (junto con el Trampa 22 de Heller, que aún sigo buscando). Sin embargo, un día me topé con ella en la biblioteca y me dije “bueno, démosle la oportunidad”.

La lectura, claro, era obligada. Vonnegut se convirtió en todo un icono de la literatura norteamericana cuando publicó, a finales de los años 60, una novela a caballo entre la ciencia ficción y la comedia negra, basada en el histórico bombardeo de Dresde que presenció siendo prisionero en la Segunda Guerra Mundial. ¿La clave del éxito? Una originalidad que aún hoy dudo que alguien haya intentado imitar con acierto, y un trasfondo duro y esperanzador en una novela tan cruda como la misma guerra.

viernes, 12 de julio de 2013

Fred Uhlman - Reencuentro (1960)



Mis heridas no han cicatrizado, y quienes me traen el recuerdo de Alemania no hacen más que frotarlas con sal.


Fred Uhlman era un pintor bastante prestigioso cuando quiso probar con la literatura. Para su ópera prima, Reencuentro, se basó en su experiencia directa con la represión nazi sobre los judíos. Uhlman tuvo suerte, y huyó antes de que fuese demasiado tarde. Preso de sus recuerdos de su Suabia natal,  publicó la obra en el año 1960. La novella, demasiado breve para considerarla novela, tuvo bastante éxito, y dio pie a una segunda parte Un alma valerosa.


Dos jóvenes, Konradin von Hohenfels perteneciente a la nobleza alemana y Hans Swartz hijo de un médico judío, ambos muy tímidos e y admiradores de poetas alemanes como Hölderlin o Rilke, van entablando una amistad bastante intensa. Sin embargo, esta amistad se verá vista a prueba tras el ascenso del nazismo en Alemania. 

martes, 14 de mayo de 2013

Los 5 de Spartan George: Titanes de la ciencia ficción (III)



 “Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas… en la lluvia. Es hora de morir”

Aquí va la segunda parte de la lista de novelas que comencé a publicar ayer, esperando que sea de vuestro agrado. Sin más dilación, ¡a por ello!

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5 – Frank Herbert – Dune (1965)


lunes, 22 de abril de 2013

Philip K. Dick – Ubik (1969)



 “La mejor forma de pedir una cerveza es pedir Ubik. Elaborada con lúpulos rigurosamente seleccionados y agua de la más absoluta pureza, envejecida hasta alcanzar el óptimo paladar, Ubik es la número uno entre las cervezas de la nación. Elaborada exclusivamente en Cleveland”

No es la primera vez que hablamos en el blog de Philip K. Dick, ni la segunda… ni tampoco creo que sea la última. No en vano es uno de los escritores más queridos en la historia de la ciencia ficción, y más influyentes en todas las vertientes artísticas de este género que tanto gusto de reseñar últimamente (y que seguiré reseñando durante un tiempo con fruición).

Ubik, sin embargo, supone un caso especial en la obra del de Illinois, pues normalmente, y a pesar de que en su día no consiguió ningún premio, se considera uno de sus grandes trabajos, y es de los más sencillos de encontrar en cualquier lado. Como en otras ocasiones, Dick nos presenta un mundo futurista (siendo este un futuro cercano) con ciertos tintes distópicos, donde la sociedad ha evolucionado por la aparición de seres con… características particulares. Si en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? esos seres eran los replicantes, aquí serán los psicos (gente con poderes psíquicos paranormales) y los anti-psicos (gente con la capacidad para anular esos poderes). Aunque en principio la novela parece dar a entender que la trama se centrará en el antagonismo entre ambos grupos, muy pronto esa premisa desaparece para dar lugar a una historia de misterio y suspense un tanto extraña donde nada es lo que parece, que da comienzo cuando los protagonistas se ven afectados por la explosión de una bomba en la Luna.


sábado, 13 de abril de 2013

Clifford D. Simak – Estación de tránsito (1963)



 “Así era como ocurría con el hombre; siempre había sido así. Había llevado el terror consigo mismo. Y aquello ante lo que siempre se había sentido aterrorizado era él mismo”.

Hace poco leí, en un recopilatorio de ciencia ficción, a un prologuista que afirmaba que Bradbury era el poeta de la ciencia ficción; Asimov, el científico; y Clarke, el metafísico. Siguiendo con esa analogía, sin duda habría que emprender una búsqueda del “filósofo” de la ciencia ficción, un puesto que podrían reclamar mitos como Philip K. Dick o George Orwell. Pero si tengo que elegir al filósofo por excelencia, al filósofo con mayúsculas del género, no lo pensaría dos veces: Clifford D. Simak.

A día de hoy solo he leído dos libros de este autor: El planeta de Shakespeare, y el que hoy nos ocupa. Con el primero, se convirtió automáticamente en mi autor de ciencia ficción favorito, por delante de cualquier otro, y he tardado muchísimo en volver a leerle por dos motivos: el primero, que no es sencillo encontrar sus obras (es probablemente el escritor más injustamente desconocido de la historia) y, en segundo lugar, porque temía que me decepcionara.


lunes, 1 de abril de 2013

Ernest Hemingway - Islas a la deriva (1970)




Puede que sea apenas lo bastante hijo de puta para ser un buen escritor.


Pocos personajes literarios del siglo XX han sido tan carismáticos como el estadounidense Ernest Hemingway. Íntimamente unido a nuestro país desde que fue corresponsal en la Guerra Civil, aventurero, juerguista y uno de los intelectuales más reconocidos de su tiempo, siendo protagonista de la Generación perdida que vivió el período de entreguerras. Pero en sus últimos días la leyenda se hace carne. Totalmente desencantado, se refugia  en la isla de Cuba, donde sufrió varios problemas de salud como depresión y principio de alzheimer. En ese tiempo, antes de dispararse con una escopeta a si mismo en 1961, escribió el novela corto, que fue el ganador del Premio Pullitzer, El viejo y el mar; recibió el Premio Nobel en 1954 y escribió la novela que les presento, Islas a la deriva, que fue publicada póstumamente en 1970.


Si en El viejo y el mar podemos ver a un Hemingway enfrentado a su destino, al que sólo puede resignarse, aquí el destino le destroza por completo. El protagonista, Thomas Hudson es un hombre retirado en una isla donde disfruta de la vida tranquila y de la pintura. Sus tres hijos le visitan por sus vacaciones, acompañados por amigos de su padre como el escritor Roger. Pero llega toda felicidad es efímera y el mundo de Hudson queda finalmente a la deriva, sufriendo terribles acontecimientos.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Mario Puzzo - El Padrino (1969)






“No es nada personal. Solo son negocios”


La literatura y el cine tienen una relación muy estrecha. A veces se enfadan y paren autenticas atrocidades como la película de Eragon. Otras veces los resultados son simplemente soberbios. Como lo fue la adaptación de la novela de El Padrino, dirigida por Francis Ford Coppola, y en la que participaron actores de la enjundia de Marlon Brando y Al Pacino. Pero para hablar de la película le doy el testigo al blog Yo Me Bebo Tu Batido. Yo me ocuparé de las letras.


Mario Puzzo, escritor de la novela colaboró en el guión. Era un escritor de origen italiano, que se convirtió en el literato de la mafia. A pesar de ello, no tuvo ningún contacto real con la mafia, siendo su visión algo romántica, declarando que el persoanje de Vito Corleone en la realidad "le horrorizaba". Otros libros que escribió fueron El último Don, La arena sucia, El siciliano o Los tontos mueren. Como guionista, aparte de colaborar en la trilogía de El Padrino, elaboró los guiones de Superman I y II o Cotton Club.

jueves, 5 de julio de 2012

Stanisław Lem – Fábulas de robots (1964)



“La dulce seguridad del muerto es incomparable. […] No se trata de un estado transitorio, sino de algo perdurable que nadie es capaz de quebrantar”.

Mencionaba el otro día, en mi crítica de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? al escritor polaco Stanisłav Lem, conocidísimo por su ciencia ficción filosófica y sus compilaciones de relatos cortos, que lograron dar una auténtica vuelta de tuerca al género y convertirle en un autor de referencia.

Recordaba yo con mucho cariño desde hacía varios años una de sus obras cumbre, Fábulas de robots, publicada inmediatamente después que su archiconocida Solaris. Y como preparativo para su gran obra, decidí releer este compendio de relatos cortos que tanto me gustaron en su día. Sin embargo, aunque me duele, tengo que admitir que me ha decepcionado bastante (y me estoy leyendo ahora La fiebre del heno, también suyo, que es un peñazo insufrible).

lunes, 18 de junio de 2012

Philip K. Dick – ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968)



“Se te pedirá que cometas el mal allí donde vayas. Es la condición básica de la vida, has de violar tu propia identidad. En algún momento, toda criatura viviente se ve obligada a hacerlo”.

Nada más terminar Fahrenheit 451, me quedé con ganas de más ciencia ficción de mediados del siglo. Y como tenía esta novela corta de Dick a mano, y hacía tiempo que no la leía, le hinqué el diente (colaboró el hecho de que la tenía en inglés, y siempre se agradece poder leer algo en su idioma original) sin más dilación. El caso es que la terminé y me pareció tan genial como la primera vez. Pero como sé que hay gente que no piensa así (el otro día, sin ir más lejos, en una página de crítica que respeto bastante, vi que la suspendían sin reparos), pues intentaré aclarar el por qué me parece tan buena.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Aldous Huxley - La Isla (1962)



¿Quién no ha soñado con la sociedad perfecta? ¿Una sociedad perfectamente civilizada, sin violencia, económicamente prospera y sostenible? Da igual que sea utópica, la idea de volver a un paraíso, ha estado presente siempre, sobre todo desde el siglo XX, cuando la idea del proceso fue sepultada bajo los escombros de las bombas y los muertos.


A pesar de ese deseo, nadie en su sano juicio piensa de forma realista en llegar a este mundo. Con desesperación, prefiere reflejar un mundo futuro marcado por el control sobre la población. George Orwell en
1984, Ray Bradbury en Fahrenheit 451 o Aldous Huxley en Un mundo feliz.