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lunes, 18 de febrero de 2013

Federico García Lorca - Yerma (1934)




Algunas cosas no cambian. Hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque nadie las  oye.


Las peores heridas son las del alma. Son las que parece que se curan, pero al final dejan una cicatriz que escuece e incluso sangra. Y la despiadada humanidad no deja de hurgar en la herida, a veces sin querer, otras veces por provecho o maldad. Las mujeres son sus víctimas favoritas. Ese colectivo, muchas veces despreciado y silenciado a lo largo de la historia. Obligadas a ser y parecer puras, siempre ante la paternalista y tiránica tutela del hombre de la casa. Federico García Lorca lo sabía bien. Siempre las comprendió muy bien, y ellas gozaron de sus papeles protagonistas. Yerma, la zapatera, Bernarda Alba o Rosita son quienes dan vida a esa mujer de la primera mitad del siglo XX.


La obra de Lorca trata de la desesperación de la protagonista de conseguir la maternidad, impuesta por su propia naturaleza y la sociedad. La obsesión de Lorca por el tema de la esterilidad es evidente, ya que el problema está presente en gran parte de su obra.


lunes, 23 de abril de 2012

William Shakespeare – Julio César (c. 1599)



“El mal siempre sobrevive a sus autores; en cambio, el bien a menudo se entierra con sus huesos”.

Pensaba hoy traeros la crítica de La espada rota, de Poul Anderson (que he terminado hace cosa de una hora), pero he recordado que tenía esta otra pendiente desde hace un par de semanas. Y como hoy es el Día del Libro, San Jorge (mi santo, ya de paso) y se supone que Shakespeare murió este día, según el calendario juliano (aunque según el gregoriano murió el 3 de mayo que, por casualidades de la vida, es mi cumpleaños. Está claro que soy de signo ilustre para las letras), pues es un bonito y humilde homenaje, espero, este análisis que traigo.