“Esta es la historia de once monstruos que
creyeron ser dioses”
Magnus
Dagon es un buen amigo de esta casa. Es un hecho reconocido. Es por ello que, a
la hora de hacerle críticas, tiendo a ser más benévolo, a pesar de esforzarme
por sacarle tantos fallos como sea posible (soy así de cabrón). Pero cuando
resulta difícil sacarle fallos, pues es que no hay más: se dice lo buena que es
la obra y punto.
Es
un poco lo que me pasa aquí con su última novela, que publicó este año, y que tuve
el honor de presentar como su maestro de ceremonias hace unos meses. Una novela
que no es sino la primera parte de una obra mayor, y a la cual la mayor pega
que se le puede poner es que no haya salido todavía.
La
trama de la novela nos sitúa ante un futuro “no muy distinto de nuestro
presente”, en palabras del autor, y tampoco demasiado alejado (aunque la deriva
temporal de la trama sí que es bastante amplia) en el tiempo. En ese mundo, el
llamado Consejo de Gobiernos, formado por once de lo que llamaríamos
tecnócratas (concretamente aquí científicos muy especializados), gobierna la
ciudad de Nergalia, y buena parte del mundo, en una suerte de oligarquía
aristocrática en la que nadie, a priori, se les puede oponer.


