Respeto: palabra manchada por el uso que de ella hacen las mafias de todo el mundo. Imitadas por las bandas juveniles más dañadas y crueles. Respeto. Lo gritan las Maras centroamericanas cuando machacan hasta hacerle sangre a un nuevo afiliado. Respect. Lo silbean unos gangsta-rappers gordos, cargados de oro y rodeados de chicas contoneándose. Respeto hermano. Sin embargo, esta palabra violada y ridiculizada sigue significando algo esencial. La certeza de tener, por derecho, un lugar en el mundo y entre los demás, dondequiera que uno se encuentra. Hasta en la nada de un agujero bajo tierra o en el vacío de una celda de aislamiento.
La droga siempre está presente en nuestra sociedad actual. No respeta diferencias en lo referente al sexo, a la edad, a la clase social o a la nacionalidad. Todos podemos ser adictos a ellas, desde un ejecutivo de una multinacional que necesita soportar mejor el estrés, al joven situado a tu lado que quiere estar a tope en la discoteca. Todo el poder de la droga se ha mantenido inalterable a pesar del bombardeo de anuncios antidrogas de las grandes incautaciones policiales y también a de verdaderas guerras contra grandes imperios criminales que llegan a ser más poderosos que estados nacionales.
Roberto Saviano vive entre escoltas desde que decidió escribir la celebrísima Gomorra sobre la mafia italiana. El hombre sabe que está condenado a muerte y a que no volverá a tener una vida normal. El siguiente reto que se ha marcado es examinar el poder de la cocaína en la sociedad. Saviano ha investigado su producción, su transporte, su venta y las luchas que ha provocado. Y, lo más importante de todo, su relación con el poder.



