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lunes, 8 de agosto de 2016

Marguerite Yourcenar - Memorias de Adriano (1951)


Nuestra época, cuyas insuficiencias y taras conocía mejor que nadie, llegaría a ser considerada por contraste, una de las edades de oro de la humanidad.

La historia nos inspira. De hecho, ahora estoy oyendo un disco de death metal sobre la Segunda Guerra Púnica. Todo una gozada. Pero esto no es un blog de música, eso se lo dejo a Jorge y a Quixote, los compañeros de Rockrítico. Yo hablo de libros, también de cine y de videojuegos; pero hoy de libros.

Volvemos a Roma. El Imperio más grande de la historia. Especialmente en el reinado de la dinastía Antonina, conocida también por el período de los Cinco emperadores buenos: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio. Con ellos, el Imperio conoció su mayor extensión y su momento más próspero. En esta crítica hablaremos de mi tocayo Adriano, aunque mi preferido es Trajano que conquistó la Dacia, construyó el foro que lleva su nombre y se atrevió a imitar a Alejandro con sus campañas en Oriente.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Isaac Asimov – El fin de la eternidad (1955)


 “Al impedir los fracasos de la Realidad, la Eternidad también impide el logro de los triunfos. Sólo haciendo frente a las grandes pruebas puede la Humanidad elevarse a nuevas y mayores alturas. Del peligro y de la aventura han salido siempre las fuerzas que han llevado al Hombre a nuevas y más grandes conquistas.”

Resulta curioso: en mi última crítica arremetía contra una obra de un autor que siempre ha estado entre mis favoritos del género; hoy, toca hacer lo contrario, y elogiar la obra de un autor que, aunque me gusta, siempre he creído que está pelín sobrevalorado en lo que viene siendo la ciencia ficción (no porque sea malo, que no lo es en absoluto, es un maestro indiscutible… sino porque muchos no son capaces de ver más allá de Asimov).

La premisa de El fin de la eternidad trata con un tema clásico con el que me he topado muchísimo en los últimos tiempos: los viajes en el tiempo. La premisa que se plantea es simple: una vez descubiertos los campos temporales en el siglo 24, la humanidad puede lanzarse en el 27 al desarrollo de un cocepto/lugar/sistema/entidad indefinidad a la que se conoce como “Eternidad”: virtualmente infinita hacia adelante y hacia atrás, y que permite viajar y modificar cualquier hecho en toda la Historia, conocida o por conocer.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Arthur C. Clarke – La ciudad y las estrellas (1956)



 “Ahora, en cambio, la Tierra me parece demasiado pequeña y sin importancia. Cada descubrimiento me ha planteado incógnitas aún mayores, y me ha abierto horizontes más amplios. Me pregunto dónde terminará esto.”

A menudo he afirmado que Clarke me parece el maestro indiscutible del género de la ciencia ficción, algo más (aunque, seamos sinceros, tampoco mucho) que Asimov, y el que mejor define y expone lo que supone esta literatura. Es un autor capaz de desarollar una prosa asequible y cercana al lector, que trate temas filosóficos y científicos de una profundidad encomiable, y que además sea capaz de mostrar y explicar de forma coherente los posibles avances futuros de la humanidad.

A veces, sin embargo, no consigue todo eso, y entonces estamos ante obras suyas que, sin ser malas, sí podemos tildar de flojas. Es lo que muchos dicen de, por ejemplo, Cánticos de la lejana tierra (que casualmente es mi favorita suya); y es algo que muy pocos dicen de La ciudad y las estrellas, en general considerada uno de sus clásicos… pero que yo digo, sin dudarlo demasiado.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Isaac Asimov – Yo, robot (1950)



 “Ningún ser puede crear un ser más perfecto que él”

No soy fan de Asimov. Eso lo sabe todo el mundo. O quizás sería más correcto decir que sí soy fan del escritor, pero no por encima de otros autores de sci-fi. Me explico: muchos le consideran el mayor escritor de la historia de la ciencia ficción. Yo no. Opino que es un genio indiscutible, y adoro obras suyas como Anochecer (co-escrita con el también genial Robert Silverberg), pero  también pienso que gente como Clifford D. Simak u Olaf Stapledon está a su nivel, sin duda. Y que Arthur C. Clarke le supera con creces.

Pero ¿qué hace tan atractivo a este ruso nacionalizado estadounidense, autor de la famosísima Saga de la Fundación y creador de las tres leyes de la robótica? ¿Qué le llevó a ser considerado uno de los tres maestros de la ciencia ficción, algo que sigue en boca de todos 20 años después de su muerte? Probablemente, su tremendo compromiso social, su rigor científico, su preocupación por la psicología y el estudio del comportamiento humano, su prosa ligera y fácil de leer, su interés y estudio de temas históricos… Vamos, de todo un poco.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Ray Bradbury - Crónicas Marcianas (1950)



-¡Usted está loco! –No lo discuto


Solo cuando el hombre está solo y amenazado, lejos del hogar y con la amenaza de la muerte a cada paso, sabe quien es en realidad. La respiración se vuelve lenta, la adrenalina presiona tu cerebro y el corazón se desboca. Las pupilas se mueven, casi cayendo de sus órbitas. El valiente se vuelve cobarde, el amante, infiel y los bondadosos en despiadados asesinos.


Ray Bradbury es uno de los escritores más grandes de los últimos años. Enmarcado en el terreno de la ciencia ficción, su literatura es tan grande que supera su género para brillar como una estrella en la galaxia. Fue un autodidacta en su educación, devorando libros en bibliotecas que para él eran como el Paraíso. Poco a poco comenzó a escribir cuentos y relatos cortos. De su obra destaca Fahrenheit 451, ya comentada en su momento por Spartan George, y Crónicas Marcianas, de la que me ocupo ahora.


sábado, 4 de agosto de 2012

Fredric Brown – Marciano, vete a casa (1955)


“Hay pocas desesperaciones más sombrías que la de un escritor que quiere crear y no puede”

Una de las cosas que me propuse a la hora de crear este blog era, no solo mostrar valoraciones de obras clásicas de la literatura, de autores consagrados o que comienzan a despuntar, sino también (y sobre todo), honrar a esos escritores que jamás tuvieron tanta fama como merecerían, y que aunque a veces se convierten en autores de culto con el paso de los años, en otras ocasiones pasan totalmente desapercibidos al público. Y por eso hoy quiero descubriros a uno de los autores más injustamente olvidados de la ciencia ficción: Fredric Brown.

jueves, 14 de junio de 2012

Ray Bradbury – Fahrenheit 451 (1953)



“Pórtate como un hombre, joven Ridley. Por la gracia de Dios, encenderemos hoy en Inglaterra tal hoguera que confío en que nunca se apagará”.

Hace unos días, murió Ray Bradbury. La noticia pasó desapercibida de una forma apabullante en los medios de comunicación (o eso me pareció a mí, que solo vi un obituario en El Mundo, pero ninguna mención en telediarios o en otros medios), cosa que es bastante desalentadora. Un auténtico genio de la ciencia ficción dejaba el mundo y a nadie parecía importarle, todos estábamos mucho más preocupados por el comienzo de la Eurocopa y chorradas así (sin ánimo de ofender a los futboleros, me parece una afición muy respetable). Me consuela saber que, al menos en este blog, sí que tuvimos unas palabras para el maestro, despidiéndole y prometiendo un pequeño homenaje. Y qué mejor homenaje para un escritor que rendirle culto leyendo y hablando de su obra por excelencia, Fahrenheit 451.

viernes, 8 de junio de 2012

Poul Anderson – La espada rota (1954)



“Tú piensas que para nosotros va a surgir un nuevo día. Pero yo te digo que se trata de la noche”.

Bien cierto es que el mundo de la fantasía está muy trillado, y ya resulta difícil encontrar obras realmente originales, en las que no se pueda apreciar de forma clara las huellas de otros autores. Sin embargo, la cosa cambia si hablamos de un autor contemporáneo de Tolkien, que sentó junto con él algunos de los pilares básicos del género y que, al igual que él, tomó prestadas para su obra las fuentes de mitología nórdica más estudiadas en su época.