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lunes, 30 de noviembre de 2015

Antoine de Saint-Exupéry – El principito (1943)


 “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”

(Antes de empezar, y aunque no es mi costumbre dedicar las reseñas, en esta ocasión me gustaría hacer una excepción para dedicar, con todo el cariño y el amor que guardo, las siguientes líneas a dos personas: a ese principito que aún no tiene edad, pero que la tendrá en algún momento, para leerlas; y a esa amiga inmejorable que me regaló recientemente esta obra en una lengua germana que aún se me escapa)

Decía mi querido amigo Josep Lapidario, en un fantástico artículo que os recomiendo mucho, una frase que me marcó bastante, hablando sobre el género infantil tanto en literatura como en cine (concretamente, hablando de los ejemplos de Ende y Miyazaki): “hace tiempo que el cine dio el paso de considerar los méritos de una película independientemente de su género, algo que, como hemos visto en el caso de Ende, aún es una asignatura pendiente en literatura.”

Me marcó, porque creo que tiene toda la razón. Si bien es verdad que existen un buen nicho de obras dirigidas a un público infantil que han resistido al paso del tiempo por sus propios méritos, permitiendo relecturas adultas y guardando en ellas significados que es difícil hallar cuando uno es niño (ahí tenemos al propio Ende, a C. S. Lewis y su compañero Tolkien, la crítica de Richard Adams o de George Orwell, el surrealismo cándido de Caroll y la falsa ingenuidad de J. M. Barrie, por no mencionar el inagotable nicho de sabiduría que son los cuentos y las leyendas populares), la gran mayoría de la literatura infantil queda aplastada por el entretenimiento vacío o el moralismo poco sutil.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Neil Gaiman – El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre (2012)



 “—He comprado la leche —dijo mi padre—. […] Pero cuando he salido de la tienda, he oído un ruido extraño que venía de arriba. Era algo como: zumm-zumm. Al levantar la vista he visto un enorme disco plateado flotando sobre Marshall Road.
» “Caray”, me he dicho. “Esto no es algo que se vea todos los días.” Y entonces, ha sucedido algo muy extraño.”

Neil Gaiman es muy querido en este blog. Bueno, en este, y en cualquiera que se precie. Dejémoslo en que es un tipo muy querido, con una imaginación y una ternura desbordantes, y capaz de saltar de géneros, estilos y públicos como quien no quiere la cosa. Y que habiendo leído una amplísima muestra de su obra (salvo en lo que se refiere a cómic, que solo he leído su fabuloso The Sandman y su 1602), tan solo me ha decepcionado con algunos relatos cortos. Ya le daré otra oportunidad.

Mientras tanto, resultó que hace poco pasaba por aquí por España y yo, feliz y contento, fui a verle. Esperando la kilométrica cola, me compré dos cosas suyas pendientes tiempo ha: American Gods (que no critiqué en su día… pero para mí es su obra más perfecta, al nivel de The Sandman), y El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre (o, como se llamó en inglés, porque sé que hay muchos que no gustan de la traducción: Fortunately, the milk). Y aunque al final solo me firmó dos ejemplares, y decidí que fueran Stardust (que se lo regalé a mi hermana, muy fan también) y Buenos presagios (para que me lo firme Terry cuando sea yo otro autor de éxito del fantástico absurdo), pues aproveché la compra y di muy buena cuenta de este simpático relato infantil.