
“Actualmente vivimos en un mundo regido por la casualidad. En un gas molecular humano que es caótico y que con sus improbabilidades sólo asombra a los átomos aislados: los individuos”
Ya hablé hace unas semanas de Lem, y de otra de sus grandes obras, Fábulas de robots, y expresé ciertas reticencias ante un escritor que, teniendo un talento enorme, lo echaba a perder de forma lamentable por pretender hacer lo que le da la gana, y no lo que debería hacer. Ojo, no estoy diciendo que no pueda hacer lo que quiera; por supuesto, para eso el escritor es él. Pero si sus manías repercuten en la calidad final de la obra, pues hay que alzar la voz, lógicamente.
