Tengo que superarme.
No puedo dejar de ser un superventas. Tengo que renovarme… Ya lo tengo. Es
perfecto. Dante y Malthus, juntos en una novela. No puede salir mal. Dan Brown escribiendo una parodia de sus obras anteriores.
La verdad quería volver del destierro con una crítica de un
gran libro, o por lo menos de algo digno de llamarse literatura. Tenía que ser
grande, lo mejor de lo mejor. Y me vino a la mente. El rey Midas de la
literatura contemporánea. Un hombre capaz de convertir la mediocridad en oro. Dan Brown y su
personaje fetiche, Robert Langdon, un profesor de Harvard sabiondo que desvela todo con una
media sonrisa mientras mira la hora en un reloj de Mickey Mouse y con una gran facilidad de codearse con jovencitas sexys. "Atractico erudito" como define a su alter ego Dan Brown. Que humildad, rediós.
Tras ser el superventas de los superventas con Ángeles y Demonios y el Código Da Vinci, Dan Brown recibió un
golpe en los morros con El símbolo
perdido, tan insustancial como sus
predecesoras pero sin el suspense y la facilidad de lectura propia de él. El
rey Midas decidió volver a lo de siempre, dejarse de intentar explicar a los
masones y volver a fingir que sabe de arte y a las oraciones simples de sujeto, verbo y predicado.


