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miércoles, 11 de febrero de 2015

Ernest Hemingway - Adiós a las armas (1929)


Nosotros dos nunca nos sentíamos solos, y nunca teníamos miedo estando juntos.

La I Guerra Mundial fue un shock tremendo. Una generación totalmente destrozada por un conflicto terrible y cruento que ni siquiera consiguió terminar con las hostilidades de forma permanente, ya que en 1939 Europa volvió a ser sumergida en la barbarie. La literatura reflejó a la perfección el horror de las trincheras con obras icónicas como Sin Novedad en el Frente de Erich Remarque o Adiós a las Armas de Ernest Hemingway.

Hemingway no tenía ni veinte años cuando se alistó como voluntario de la Gran Guerra en la Cruz Roja. Fue herido, y en el hospital sufrió su primer gran desengaño amoroso con una enfermera que rechazó su propuesta de matrimonio. Años después, ya en París siendo uno de los puntales de la Generación Perdida, publicó esta gran novela que marcó en la literatura mundial.

lunes, 2 de junio de 2014

Erich M. Remarque – Sin novedad en el frente (1929)



 “Ya no somos jóvenes. Ya no queremos conquistar el mundo. Somos fugitivos. Huimos de nosotros mismos. De nuestra vida. Teníamos dieciocho años y empezábamos a amar el mundo y la existencia; tuvimos que disparar contra eso. La primera granada que explosionó, lo hizo en nuestro corazón. Estamos al margen de la actividad, del esfuerzo, del progreso. Ya no creemos en nada de eso; creemos en la guerra.”

Habitualmente son las experiencias vitales las que dan un mejor sustento para la literatura. Es una norma bastante universal (incluso la fantasía o la ciencia ficción tienen un importantísimo sustrato en las vivencias del autor), que se refleja aún más si cabe en novelas de corte social o de denuncia. Y es eso, justamente, lo que ocurre con Sin novedad en el frente.

Publicada en 1929, la novela se convirtió en un éxito inmediato adaptado al cine por el dos veces oscarizado Lewis Milestone, a pesar de que poco después de su publicación fuera prohibida en Alemania por el incipiente régimen nazi. Algo perfectamente comprensible esto: Remarque tenía tan solo 16 años cuando estalló la Gran Guerra, y al igual que le protagonista de su obra, escrita en primera persona, se vio arrastrado a esta, arrancado de su infancia y obligado a enfrentarse al horror siendo casi un niño.

sábado, 31 de mayo de 2014

Ken Follett – La caída de los gigantes (2010)



 “La guerra es la guerra. No existe una forma segura de hacerla.”

No me gusta Ken Follett. Es un hecho reconocido. Fui incapaz de pasar de las veinte páginas de Los pilares de la Tierra cuando me lo regalaron (aunque la miniserie la aguanté más). Sus historias me atraen y me resultan interesantes, pero no puedo con su modo de narrar. Es exactamente lo mismo que me ocurre con Galdós, a menudo, o con Martin. Sin embargo, esta vez me ha convencido.

Si existe hoy en día un nombre asociado de manera indisoluble a la novela histórica, ese es sin duda el de Ken Follett. Tras una dilatada carrera que comenzó en los años ’70, la mayor fama le llegó con la publicación de la ficción medieval Los pilares de la tierra en 1989, a la que se unió 18 años más tarde una segunda parte, Un mundo sin fin, que le convirtió en un best-seller sin parangón.

domingo, 23 de febrero de 2014

Kurt Vonnegut – Matadero cinco [La cruzada de los niños] (1969)



 “–Tenía que hacerse –le dijo Rumfoord a Billy refiriéndose a la destrucción de Dresde.
–Lo sé –dijo Billy.
–Es la guerra.
–Lo sé. No me quejo.
–Aquello debió de ser el infierno en la tierra.
–Lo fue.
–Compadezco a los hombres que tuvieron que hacerlo.
–Yo también.”.

Llevaba tiempo, demasiado tiempo, postergando la lectura de esta novela que un buen amigo me recomendó (junto con el Trampa 22 de Heller, que aún sigo buscando). Sin embargo, un día me topé con ella en la biblioteca y me dije “bueno, démosle la oportunidad”.

La lectura, claro, era obligada. Vonnegut se convirtió en todo un icono de la literatura norteamericana cuando publicó, a finales de los años 60, una novela a caballo entre la ciencia ficción y la comedia negra, basada en el histórico bombardeo de Dresde que presenció siendo prisionero en la Segunda Guerra Mundial. ¿La clave del éxito? Una originalidad que aún hoy dudo que alguien haya intentado imitar con acierto, y un trasfondo duro y esperanzador en una novela tan cruda como la misma guerra.