“Me gusta el sabor
de la carne. De verdad, me gusta. Si lograra hallar una cura a lo que sea que
nos está pasando... Si las cosas volvieran a ser como eran antes... o algo
parecido... Creo que seguiría comiendo gente. Y eso me aterra. De verdad.”
Me
resulta imposible comenzar una crítica de esta obra, igual que de cualquier
otra del noveno arte, sin antes recomendaros leer ese fastuoso blog que es Superman Lee a Poe por dos sencillos motivos: el primero, que molan mucho; y el segundo,
que el señor Panmios es mi proveedor oficial de droga comiquera la mayoría de
las veces. Y así ha resultado ser en este caso.
Llevaba
tiempo queriendo hincarle el diente, y nunca mejor dicho, a este crossover de
Marvel del que había oído hablar hasta la saciedad, y del que había recibido
críticas muy dispares. Temí que la expectación me llevara a sentirme
defraudado... algo que en cierto ligero punto sucedió, pero que en general no
resultó ser así. Y ahora os contaré por qué.
La
historia de esta serie limitada se remonta a finales de 2005, cuando Mark
Millar y Greg Land escriben un arco de tres capítulos llamado “El cruce” para
sus Ultimate Fantastic Four, que
pretendía ser un esperado crossover que uniera por primera vez (a menos que me
equivoque) el universo Ultimate de Marvel, y el universo de Marvel tradicional.

