-Tú lo atropellas
todo; eres un monstruo. –Soy un hombre.
Es muy curioso ver que somos los mismos gilipollas de
siempre. Da igual los siglos. Llevamos a cuesta los mismos problemas de
siempre. Y si hay un país pidiendo a gritos el premio de estupidez crónica, ese
es España. Como vimos con Luces de Bohemia, España lleva arrastrando problemas
sociales muy severos. La literatura es un espejo perfecto para verlo. Otro
grande de nuestra literatura, reflejó la sociedad de su tiempo de forma
totalmente distinta que el esperpento.
Benito Pérez Galdós vivió en el siglo XIX, época de
revoluciones y golpes de estados antes que el canovismo impusiese la
estabilidad a golpe de pucherazo. Fue tiempo de discusiones literarias en un
café. Discusiones sobre la realidad política y social del país. Un joven Galdós
empezaba a escribir realismo social, con cierta obsesión de reflejar el atraso
del país. Ese es el caso de una de sus primeras obras, Doña Perfecta.
Pepe Rey es el perfecto exponente de un joven reformista. Ha
estudiado en la universidad y ha visitado Europa. Tras acceder a la petición de
su padre, se dirige a Orbajosa para casarse con su prima Rosario. Cuando llega,
se encuentra a una ciudad empobrecida y en franca decadencia, pero orgullosa y terca
como una mula, que rechaza todo atisbo de modernidad; y defiende con uñas y
dientes su tradición.

