“Cuanto más poder derrochas, más quieres
derrochar. Nunca tienes bastante... Hay que saber librarse de eso antes de
alcanzar un nivel superior”
Cualquier amante de los cómics
que se precie, máxime si le interesa el cómic japonés, ha oído hablar de Akira alguna vez en su vida. Es una de
esas obras que han trascendido a la categoría de leyendas por méritos propios,
así como por haber tenido la suerte de haber sido populares en el momento de su
publicación, y de haber mantenido esa popularidad con los años. Recuerdo, de
hecho, un “test de frikismo” en que una de las preguntas se refería a si
comprendías este cómic (que iba justo después de la pregunta de si comprendías Matrix). Ese halo de leyenda que lo
acompaña está, sin duda, justificado, pero puede que también un tanto
exagerado. O, al menos, poco comprendido.
Al enfrentarnos a las páginas de
esta obra de extensión considerable (más de 2000 páginas… aunque bien es cierto
que hay infinidad de mangas o cómics occidentales de mayor envergadura, y
habitualmente de menor ambición), escrita y dibujada por Katsuhiro Otomo, lo
primero que destaca es su enorme personalidad, tanto en el dibujo como en la historia.
Basándose en una estética cyberpunk muy marcada, Otomo nos muestra un decadente
Neo-Tokio en el año 2019, donde se el Ejército realiza experimentos
relacionados con un poder latente que desencadenó la guerra nuclear que devastó
el mundo treinta años atrás, y que comienza a amenazar esta nueva era…

