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sábado, 31 de diciembre de 2016

Francisco Umbral - Mortal y Rosa (1975)


Hay días en los que uno se levanta uno transparente. Y entonces conviene aprovecharlos para escribir. Si no hay transparencia no hay escritura. Puede haber un trabajo de amanuense, pero nada más. [...] Escribo por el placer de desaparecer. Es mi forma de transparencia.

Por si alguno lee la crítica fuera del contexto de este diciembre de 2016 se lo recuerdo. El mismo día en el que escribo este párrafo ha muerto Debbie Reynolds, actriz de Cantando bajo la Lluvia. Un día antes murió su hija, Carrie Fisher, la famosa princesa Leia. Hace unos días George Michael. Hace unos meses Leonard Cohen. Al principio de año David Bowie. Antes de empezar el año Lemmy Kilmister.

La muerte de un icono siempre conmociona a la opinión pública y a las redes sociales. Da igual que no hayas oído su música, visto sus películas o no sepas quién es. El duelo público siempre está allí. Por supuesto es algo que tampoco nos atañe especialmente y se tiende a la frivolidad, porque hay que ser muy fanático y realmente tener una conexión importante para que realmente te afecté de verdad la muerte de un famoso al que no has conocido nunca. Normalmente es una forma de participar en el ritual y recordarnos levemente que cuando menos lo esperemos, desapareceremos en la oscuridad.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Boris Vian – Escupiré sobre vuestra tumba (1973)



 “Los del pueblo le colgaron igual, porque era un negro. Su pantalón seguía formando en la entrepierna un bulto irrisorio”

A pesar de estar, como decía en mi última crítica, enfrascado en una temporada de lectura distópica, el otro día cayó este libro en mis manos y, dado que era bastante breve, no pude sino echarle un vistazo. El título, he de reonocerlo, me encandiló bastante. Y ver que fue una obra prohibida en algunos lugares por “violenta, pornográfica y descarnada” me hizo pensar que me gustaría.

Y... la verdad es que no. No me ha gustado Boris Vian. Desde el prefacio, donde él mismo explica en tercera persona (publicó la novela con pseudónimo en su día) la forma en que fue escrita, y los problemas a los que tuvo que enfrentarse, me pareció un tipo un tanto prepotente y pagado de sí mismo, algo que el estilo a la hora de narrar no hizo sino confirmárseme.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Anna Karenina- León Tolstoi (1877)


"Aunque jugador y libertino, no se podía decir que fuese un hombre sin principios, pero estos eran marcadamente inmorales"

Liev Nikoláievich Tolstói fue hijo de un noble terrateniente y una princesa rusa (aunque el 90% de la nobleza rusa poseía el título de príncipe) es considerado uno de los mejores escritores del realismo mundial y, sin duda, el mejor del realismo ruso. Pese a parecerse sospechosamente a Gandalf (imagen aquí) encontró su pasión en la literatura realista tras abandonar la vida en el ejército al que se acercó a causa de su hermano y del que salió con las confusas convicciones de alguien que ha vivido la guerra. Abrumado por su visión del heroísmo, la muerte, la frivolidad y la inutilidad de todo aquello, comienza a escribir siguiendo la corriente realista de la época y, a mi entender, tratando de poner en orden a través de sus personajes todo aquello a lo que no conseguía dar forma en su cabeza. Sus obras más conocidas son sin duda Guerra y Paz, libraco donde los haya, y Anna Karenina, de la que hablamos hoy en LaPlumaRota.

martes, 14 de mayo de 2013

Los 5 de Spartan George: Titanes de la ciencia ficción (III)



 “Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas… en la lluvia. Es hora de morir”

Aquí va la segunda parte de la lista de novelas que comencé a publicar ayer, esperando que sea de vuestro agrado. Sin más dilación, ¡a por ello!

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5 – Frank Herbert – Dune (1965)


lunes, 13 de mayo de 2013

Los 5 de Spartan George: Titanes de la ciencia ficción (II)



 “Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el Universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable.

Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido.”

Publiqué la semana pasada en el blog una lista con el top 5 de mis escritores de ciencia ficción preferidos, que aunque creo cierto debate, no fue tanto como me habría gustado que generara (espero que lo haga poco a poco). Toca ahora dedicar el artículo a la segunda parte de esa lista, dedicada a mi top 10 de obras predilectas del género que, como siempre, se basan en criterios subjetivos. No son las mejores: son las que tengo en mayor estima, por los motivos que sea. Haré una brevísima reseña de ellas, como hice con los autores, pero habéis de tener en cuenta que algunas llevo tiempo, años incluso, sin leerlas, así que me baso más en el regusto que me han dejado que en otra cosa. Cuando las vaya releyendo ya las criticaré en mayor profundidad.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Michael Ende – Momo (1973)


 Si los hombres supiesen lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida.”
Estoy seguro de que todo el mundo (todo lector que se precie, al menos) ha oído hablar de Michael Ende. Seguro. Es uno de esos autores que traspasan fronteras y épocas, y que, en un estilo personal y único, lograr perpetuarse en el tiempo y en la mentalidad de generaciones y generaciones de lectores. La mayoría de las veces ayuda a ello una obra clave que, en el caso del alemán, fue la imborrable La historia interminable. Pero no fue esa la única perla en la dilatada carrera del escritor…

martes, 24 de julio de 2012

Stanisław Lem – La fiebre del heno (1976)



“Actualmente vivimos en un mundo regido por la casualidad. En un gas molecular humano que es caótico y que con sus improbabilidades sólo asombra a los átomos aislados: los individuos”

Ya hablé hace unas semanas de Lem, y de otra de sus grandes obras, Fábulas de robots, y expresé ciertas reticencias ante un escritor que, teniendo un talento enorme, lo echaba a perder de forma lamentable por pretender hacer lo que le da la gana, y no lo que debería hacer. Ojo, no estoy diciendo que no pueda hacer lo que quiera; por supuesto, para eso el escritor es él. Pero si sus manías repercuten en la calidad final de la obra, pues hay que alzar la voz, lógicamente.