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lunes, 11 de julio de 2016

Tite Kubo – Bleach (2002 – actualidad)


“Aquel que no tiene miedo a la espada que empuña no tiene derecho a empuñar espada alguna”

Mi ausencia ha sido larga, pero como mis ausencias siempre son largas, y mis regresos poco duraderos, no me entretendré más en el tema.

Bleach es uno de esos mangas que llevan tantos años que la gente piensa que jamás acabarían. Pero luego acaban y claro, la gente se lleva las manos a la cabeza (también conocido como “el caso Naruto”, y en un futuro “el caso One Piece”). Y resulta que la obra archiconocida de Tite Kubo, el shōnen más exitoso de la historia del manga (junto con los dos ya mencionados y, claro está, el Dragon Ball de Toriyama), parece acercarse a su fin: después de tantear la idea un par de veces, de anunciarla y luego retractarse hará ya unos tres años, ahora parece definitivo que en los próximos meses, tal vez en octubre, la obra culminará.

Por poner en antecedentes, Bleach relata las peripecias de Ichigo Kurosaki, un joven estudiante (qué poco típico del género…) capaz de ver fantasmas, que tras su encuentro con la shinigami Rukia Kuchiki adquiere los poderes de esta, que deberá utilizar en la lucha eterna entre los shinigami y los hollows, espíritus malignos que se alimentan de las almas puras. En el paseo, le acompañarán Orihime Inoue, Sado Yasutora, Uryuu Ishida, y un buen puñado de personajes más.

miércoles, 29 de enero de 2014

Haruki Murakami – Tokio Blues. Norwegian Wood (1987)



 “Estoy acabada. Lo que tienes frente a ti no es más que una pálida sombra de lo que fui. Mi interioridad murió hace mucho tiempo, y ahora me limito a actuar mecánicamente.”

Llevo bastante ausente del blog una temporada. Sin embargo, no he dejado de leer: prueba de ello es el hecho de que, desde que empecé en esto, siempre criticaba un libro en cuanto terminaba de leerlo (salvo excepciones... quedaron por ahí en el tintero obras como la Civil War de Marvel, o El color prohibido de Mishima); mi última crítica se remonta al Interworld de Gaiman, autor del que he leído siete obras (y con dos más estoy ahora... algún día las sacaré todas, poco a poco) después de hacer aquella reseña.

O sea, he leído, pero no criticado. Por problemas y reticencias que no vienen al caso a la hora de darle a la tecla. Necesitaba algo que me hiciera volver con fuerza. Motivado. Por un momento, pensé que ese algo sería Sandman, pero es una obra tan magna que prefiero coger ganas para hacerle justicia. Así, finalmente, emisaria de mi regreso ha sido esa obra que dio a Murakami fama en buena parte del mundo: Tokio Blues (Norwegian Wood).

domingo, 28 de abril de 2013

Takiji Kobayashi – Kanikosen (1929)



 “Los capitalistas usaban trabajadores, que se podían comprar más baratos que las cobayas. ¡Más baratos que el papel higiénico!”

He de reconocer que tengo una fijación especial con la literatura japonesa, cuyo atractivo (lírico y temático), desconocido en los escritores de Occidente, me pierde. Así que a menudo logro hacerme con obras de esa cultura de las que no sé absolutamente nada (y prefiero no saberlo), para llevarme con ellas sorpresas muy gratas.

Este es uno de esos casos. Nunca había oído yo hablar de Takiji Kobayashi, aunque parece ser que en 2008 esta obra experimentó un boom espectacular que la convirtió en el best-seller del año en Japón (hazaña nada desdeñable para una obra escrita casi 80 años atrás). Y no es nada de extrañar, la verdad, que su éxito se enmarque en un contexto de crisis global, pues Kanikosen es ni más ni menos que un panfleto (bien escrito, bien desarrollado, con una gran historia… pero panfleto al fin y al cabo) comunista en forma de novela, que busca advertir sobre los tratos inhumanos que sufren los trabajadores proletarios.


viernes, 5 de abril de 2013

Jun'ichirō Tanizaki – La madre del capitán Shigemoto (1949)



 “En lugar de tenerla esperando su muerte, él se consideraría muerto desde ese momento, y consagraría su vida a alegrar la de ella”

[Oye, ¿cómo se hacía esto? ¡Que no me acuerdo! ¿Qué? Ah, ¿ya está el micro abierto? Jo, voy, voy. No me metáis prisa. A ver…]

¡Hola! ¿Me recordáis? Sí, soy yo. Spartan George ha vuelto a daros la plasta. Lo siento, sé que los días sin mí se han hecho cortos. Pero no todo es felicidad en esta vida, tendréis que soportarme como a una nube cargada de lluvia en forma de palabras. Que no iba a dejar solos a mis compañeros que tan bien lo han hecho estos meses, jo. Bueno, vamos a ello.

Os traigo, como vuelta a mi mundo de crítica, una novela de la que no sabía absolutamente nada hasta hace dos semanas. Nada de nada. Estaba por la biblioteca buscando algo de… ya ni me acuerdo de quién. ¿Simak? Probablemente. El caso es que me topé con un libro cuyo título me atrajo horrores: La madre del capitán Shigemoto. Lo cogí. “Jun'ichirō Tanizaki”. Vaya, literatura japonesa. Hmm, del siglo XX… Echémosle un vistazo.