“¡Estos tíos me quieren violar y se me han
olvidado las píldoras en la astronave!”
Recuerdo,
siendo yo joven y despreocupado, leer a menudo dos cómics de firma española que
más tarde descubrí eran leyendas del género (en aquel entonces, ignorante del
mundo de las historietas, pensaba que eran mi secreto): uno de ellos, el Superlopez de Jan, os sonará a todos, o
eso espero; el otro, era Mot, obra de
unos tales Azpiri y Nacho (que colaboró también con otro grande, Ricardo, en mi
querido Goomer).
Luego
crecí, y me di cuenta de que Alfonso Azpiri era uno de los titanes del dibujo
español. Aún más, la afición familiar por consolas retro hizo que mi padre me
pegara la admiración por las ilustraciones que el dibujante español hacía para
un sinfín de videojuegos (esa portada de Viaje
al centro de la tierra de Topo, es así como la quintaesencia de las
portadas de videojuegos), y que descubriera la que sería su gran creación: el
personaje de Lorna, que protagonizaría una serie de cómics, un videojuego para
Amiga (en 1990), y del que ahora están intentando hacer una película
supervisada por el propio Azpiri. No solo, sino que hace poco pude conocer a
este hombre, que además de tener talento es puro amor, y se reanimó mi pasión
por sus obras.

