martes, 9 de septiembre de 2014

Azpiri – Lorna. Edición integral, libro 1 (2009)


 “¡Estos tíos me quieren violar y se me han olvidado las píldoras en la astronave!”

Recuerdo, siendo yo joven y despreocupado, leer a menudo dos cómics de firma española que más tarde descubrí eran leyendas del género (en aquel entonces, ignorante del mundo de las historietas, pensaba que eran mi secreto): uno de ellos, el Superlopez de Jan, os sonará a todos, o eso espero; el otro, era Mot, obra de unos tales Azpiri y Nacho (que colaboró también con otro grande, Ricardo, en mi querido Goomer).

Luego crecí, y me di cuenta de que Alfonso Azpiri era uno de los titanes del dibujo español. Aún más, la afición familiar por consolas retro hizo que mi padre me pegara la admiración por las ilustraciones que el dibujante español hacía para un sinfín de videojuegos (esa portada de Viaje al centro de la tierra de Topo, es así como la quintaesencia de las portadas de videojuegos), y que descubriera la que sería su gran creación: el personaje de Lorna, que protagonizaría una serie de cómics, un videojuego para Amiga (en 1990), y del que ahora están intentando hacer una película supervisada por el propio Azpiri. No solo, sino que hace poco pude conocer a este hombre, que además de tener talento es puro amor, y se reanimó mi pasión por sus obras.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Isaac Asimov – El fin de la eternidad (1955)


 “Al impedir los fracasos de la Realidad, la Eternidad también impide el logro de los triunfos. Sólo haciendo frente a las grandes pruebas puede la Humanidad elevarse a nuevas y mayores alturas. Del peligro y de la aventura han salido siempre las fuerzas que han llevado al Hombre a nuevas y más grandes conquistas.”

Resulta curioso: en mi última crítica arremetía contra una obra de un autor que siempre ha estado entre mis favoritos del género; hoy, toca hacer lo contrario, y elogiar la obra de un autor que, aunque me gusta, siempre he creído que está pelín sobrevalorado en lo que viene siendo la ciencia ficción (no porque sea malo, que no lo es en absoluto, es un maestro indiscutible… sino porque muchos no son capaces de ver más allá de Asimov).

La premisa de El fin de la eternidad trata con un tema clásico con el que me he topado muchísimo en los últimos tiempos: los viajes en el tiempo. La premisa que se plantea es simple: una vez descubiertos los campos temporales en el siglo 24, la humanidad puede lanzarse en el 27 al desarrollo de un cocepto/lugar/sistema/entidad indefinidad a la que se conoce como “Eternidad”: virtualmente infinita hacia adelante y hacia atrás, y que permite viajar y modificar cualquier hecho en toda la Historia, conocida o por conocer.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Arthur C. Clarke – La ciudad y las estrellas (1956)



 “Ahora, en cambio, la Tierra me parece demasiado pequeña y sin importancia. Cada descubrimiento me ha planteado incógnitas aún mayores, y me ha abierto horizontes más amplios. Me pregunto dónde terminará esto.”

A menudo he afirmado que Clarke me parece el maestro indiscutible del género de la ciencia ficción, algo más (aunque, seamos sinceros, tampoco mucho) que Asimov, y el que mejor define y expone lo que supone esta literatura. Es un autor capaz de desarollar una prosa asequible y cercana al lector, que trate temas filosóficos y científicos de una profundidad encomiable, y que además sea capaz de mostrar y explicar de forma coherente los posibles avances futuros de la humanidad.

A veces, sin embargo, no consigue todo eso, y entonces estamos ante obras suyas que, sin ser malas, sí podemos tildar de flojas. Es lo que muchos dicen de, por ejemplo, Cánticos de la lejana tierra (que casualmente es mi favorita suya); y es algo que muy pocos dicen de La ciudad y las estrellas, en general considerada uno de sus clásicos… pero que yo digo, sin dudarlo demasiado.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mark Millar y John Romita Jr. – Lobezno: enemigo del estado (2004 – 2005)



 “—Le ha matado, coronel Furia. Lobezno acaba de matar a Spiderman. Hemos sacado su cadáver de entre los escombros hace veinte minutos.
—¿Qué?”

Esa cita para abrir la crítica no es un spoiler. No del todo, al menos. Cuando lo leáis entenderéis por qué. No me asesinéis todavía.

Últimamente me ha dado bastante por la lectura de cómics, especialmente de la escuela norteamericana. La franco-belga y la japonesa (especialmente esta última) siempre las he tenido más trabajadas, pero Marvel, DC y compañía estaban un poco alejados de mis estantes. Ahora, no sé si a raíz del cine de superhéroes, de mi renovada pasión por personajes que de joven adoraba, o debido a la influencia de mi amigo Panmios de Superman lee a Poe, que es mi biblioteca y consejero superheroico particular, pues el caso es que cada día me meto más en faena.

Este número que os traigo hoy, sin embargo, no fue algo que me recomendara él, y ambos coincidimos en que es un cómic decente, pero no de lo mejor de Millar. Lobezno: enemigo del estado plantea una historia que, per se, me encandiló: el mutante al que todos queremos más es asesinado por una coalición de supervillanos (Gorgón, La Mano e Hydra), que lo resucitan con un lavado de cerebro y lo envían contra sus antiguos aliados. Comienza así un juego letal donde el antiguo héroe es una máquina de matar dispuesta a acabar con Los Cuatro Fantásticos, Daredevil, El Capitán América, los X-Men (bueno, la Patrulla-X en los cómics), Elektra o quien se le ponga por delante.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Magnus Dagon – El espejo de Ares I: Decadencia (2014)



 “Esta es la historia de once monstruos que creyeron ser dioses”

Magnus Dagon es un buen amigo de esta casa. Es un hecho reconocido. Es por ello que, a la hora de hacerle críticas, tiendo a ser más benévolo, a pesar de esforzarme por sacarle tantos fallos como sea posible (soy así de cabrón). Pero cuando resulta difícil sacarle fallos, pues es que no hay más: se dice lo buena que es la obra y punto.

Es un poco lo que me pasa aquí con su última novela, que publicó este año, y que tuve el honor de presentar como su maestro de ceremonias hace unos meses. Una novela que no es sino la primera parte de una obra mayor, y a la cual la mayor pega que se le puede poner es que no haya salido todavía.

La trama de la novela nos sitúa ante un futuro “no muy distinto de nuestro presente”, en palabras del autor, y tampoco demasiado alejado (aunque la deriva temporal de la trama sí que es bastante amplia) en el tiempo. En ese mundo, el llamado Consejo de Gobiernos, formado por once de lo que llamaríamos tecnócratas (concretamente aquí científicos muy especializados), gobierna la ciudad de Nergalia, y buena parte del mundo, en una suerte de oligarquía aristocrática en la que nadie, a priori, se les puede oponer.

martes, 29 de julio de 2014

Truman Capote - A Sangre Fría (1966)


¿Por qué esa irrazonable ira cuando ves a otros contentos, felices y satisfechos?”

Les presento a una de las mejores obras literarias del periodismo, al nivel de maestros como Ernest Hemingway o Hunter S. Thompson. Esta obra de Truman Capote marca un antes y un después en este innoble arte que es el periodismo. Nadie llegó tan lejos en este genero, ni siquiera Thompson, que se bebió el agua de los floreros y se tragó cada pastilla conocida para acabar con la fantasía en la que se había convertido el sueño americano. No solo fueron seis largos años en el asfixiante calor de Kansas ni las incontables notas y entrevistas sobre el asesinato de cuatro inocentes sino entrar en la mente del asesino hasta el punto de comprender todas las acciones de su vida. Eso fue lo que le otorgó la fama que ansiaba y a la vez la destrucción. No volvió a publicar otra novela en su vida, ya que la creatividad literaria y la gloria requieren sacrificios que provienen del fondo del alma.

Y pensar que en principio era un simple reportaje sobre el crimen de una familia de granjeros que le había llamado la atención en el periódico, pero el olfato de este viejo sabueso olió que entre la sangre y los cadáveres se escondía esa escalera al cielo que había buscado durante tanto tiempo. Nunca había podido desayunar con diamantes, a pesar de una trayectoria exitosa, pero A Sangre Fría  conllevó la admiración de la crítica y el público, además de la envidia de sus colegas y rivales, entre ellos Norman Mailer que izó la bandera blanca en su crítica a la novela: «Es el escritor más perfecto de nuestra generación. No cambiaría ni una línea de sus libros». Era lo que buscaba, olvídense de buenos ideales periodísticos sobre que la sociedad supiese la verdad. Solo quería lo que quieren los genios como él. Fama, tener a los lectores de rodillas ante su obra y de sumergirnos, como nunca antes y después lo han hecho, en el crimen.