“Cuando estés en la arena… recuerda quien es el verdadero enemigo”.
Dice el dicho, totalmente equivocado, que las segundas partes nunca fueron buenas. Y a pesar de su errónea generalización, hay que decir que tiene su lógica. Si algo es más difícil que alcanzar un nivel alto, es mantenerlo. La presión, la euforia, las expectativas demasiado altas, el peloteo de hipócritas que sonríen con sadismo mientras afilan los cuchillos de sus lenguas son obstáculos que el autor tiene que sortear en una segunda parte. En ocasiones no hay nada que hacer, y la obra baja el nivel, o simplemente lo parece. No importa que la esencia se mantenga, que siga siendo una obra notable o que sea una obra de transición en la trama. Las críticas arrecian.



