domingo, 28 de abril de 2013

Takiji Kobayashi – Kanikosen (1929)



 “Los capitalistas usaban trabajadores, que se podían comprar más baratos que las cobayas. ¡Más baratos que el papel higiénico!”

He de reconocer que tengo una fijación especial con la literatura japonesa, cuyo atractivo (lírico y temático), desconocido en los escritores de Occidente, me pierde. Así que a menudo logro hacerme con obras de esa cultura de las que no sé absolutamente nada (y prefiero no saberlo), para llevarme con ellas sorpresas muy gratas.

Este es uno de esos casos. Nunca había oído yo hablar de Takiji Kobayashi, aunque parece ser que en 2008 esta obra experimentó un boom espectacular que la convirtió en el best-seller del año en Japón (hazaña nada desdeñable para una obra escrita casi 80 años atrás). Y no es nada de extrañar, la verdad, que su éxito se enmarque en un contexto de crisis global, pues Kanikosen es ni más ni menos que un panfleto (bien escrito, bien desarrollado, con una gran historia… pero panfleto al fin y al cabo) comunista en forma de novela, que busca advertir sobre los tratos inhumanos que sufren los trabajadores proletarios.


viernes, 26 de abril de 2013

Homero - La Odisea (Grecia Clásica)




¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá que de los que les corresponde.


Pocos libros han gozado de la importancia de los poemas épicos de Homero. De este legendario autor no sabemos mucho de su vida, ni siquiera sabemos con absoluta certeza si fue real. Lo único cierto es que los dos textos marcaron la esencia de los griegos, y por ende de Occidente. Todo joven heleno que se precie conocía de memoria varios pasajes de memoria, cuando no la obra entera. El más grande de ellos, Alejandro Magno, buscó la gloria imperecedera de Aquiles, de quien decía ser su descendiente, a través de sus conquistas en Asia. Fue célebre su homenaje en Troya, acompañado por su Patroclo particular, Hefestión.


Ya han pasado varios años de la conquista de Troya. Pero Odiseo, Ulises en latín,  permanece lejos del hogar mientras su mujer es asediada por un grupo de pretendientes que devoran la riqueza de Ítaca. Pero gracias  a la intervención de Atenea, podrá intentar retornar a su hogar, a pesar de la oposición de Poseidón.


lunes, 22 de abril de 2013

Philip K. Dick – Ubik (1969)



 “La mejor forma de pedir una cerveza es pedir Ubik. Elaborada con lúpulos rigurosamente seleccionados y agua de la más absoluta pureza, envejecida hasta alcanzar el óptimo paladar, Ubik es la número uno entre las cervezas de la nación. Elaborada exclusivamente en Cleveland”

No es la primera vez que hablamos en el blog de Philip K. Dick, ni la segunda… ni tampoco creo que sea la última. No en vano es uno de los escritores más queridos en la historia de la ciencia ficción, y más influyentes en todas las vertientes artísticas de este género que tanto gusto de reseñar últimamente (y que seguiré reseñando durante un tiempo con fruición).

Ubik, sin embargo, supone un caso especial en la obra del de Illinois, pues normalmente, y a pesar de que en su día no consiguió ningún premio, se considera uno de sus grandes trabajos, y es de los más sencillos de encontrar en cualquier lado. Como en otras ocasiones, Dick nos presenta un mundo futurista (siendo este un futuro cercano) con ciertos tintes distópicos, donde la sociedad ha evolucionado por la aparición de seres con… características particulares. Si en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? esos seres eran los replicantes, aquí serán los psicos (gente con poderes psíquicos paranormales) y los anti-psicos (gente con la capacidad para anular esos poderes). Aunque en principio la novela parece dar a entender que la trama se centrará en el antagonismo entre ambos grupos, muy pronto esa premisa desaparece para dar lugar a una historia de misterio y suspense un tanto extraña donde nada es lo que parece, que da comienzo cuando los protagonistas se ven afectados por la explosión de una bomba en la Luna.


sábado, 13 de abril de 2013

Clifford D. Simak – Estación de tránsito (1963)



 “Así era como ocurría con el hombre; siempre había sido así. Había llevado el terror consigo mismo. Y aquello ante lo que siempre se había sentido aterrorizado era él mismo”.

Hace poco leí, en un recopilatorio de ciencia ficción, a un prologuista que afirmaba que Bradbury era el poeta de la ciencia ficción; Asimov, el científico; y Clarke, el metafísico. Siguiendo con esa analogía, sin duda habría que emprender una búsqueda del “filósofo” de la ciencia ficción, un puesto que podrían reclamar mitos como Philip K. Dick o George Orwell. Pero si tengo que elegir al filósofo por excelencia, al filósofo con mayúsculas del género, no lo pensaría dos veces: Clifford D. Simak.

A día de hoy solo he leído dos libros de este autor: El planeta de Shakespeare, y el que hoy nos ocupa. Con el primero, se convirtió automáticamente en mi autor de ciencia ficción favorito, por delante de cualquier otro, y he tardado muchísimo en volver a leerle por dos motivos: el primero, que no es sencillo encontrar sus obras (es probablemente el escritor más injustamente desconocido de la historia) y, en segundo lugar, porque temía que me decepcionara.


miércoles, 10 de abril de 2013

Terry Pratchett – Mort (1987)



 “– ES UNA PEQUEÑEZ –dijo–. PODÍAS HABER TENIDO LA ETERNIDAD
– Lo sé. He sido muy afortunado.”

No sé si, con la que está cayendo esta semana sobre personajes famosos y queridos por todos nosotros, es lo más adecuado reseñar un libro que gira en torno a la Muerte… Pero qué demonios, como decía mi querido Quixote, gente muere todos los días, así que, ¿qué más da que lo reseñe ahora o ya si eso luego?

Ya hablé aquí en su día de Terry Pratchett, y no voy a volver a hacerlo. Para recapitular brevemente, por si alguien no le conoce, es un escritor de fantasía humorística inglés, tremendamente popular y conocido gracias a su revisión del género con la saga de Mundodisco, en la que ya lleva publicadas casi 40 novelas. Que se dice pronto.


lunes, 8 de abril de 2013

Patrick Süskind - El Perfume (1985)




"Podía hacer todo esto cuando quisiera; poseía el poder requerido para ello. Lo tenía en la mano. Un poder mayor que el poder del dinero o el poder del terror o el poder de la muerte; el insuperable poder de inspirar amor en los seres humanos.”

Grenouille. En torno a este personaje gira absolutamente todo en El Perfume (1985) la obra más famosa del novelista y guionista alemán Patrick Süskind. También fue guionista de El Contrabajo, un conocido monólogo. Pero entremos en materia.

Como ya he mencionado, toda la novela gira en torno a su protagonista: Jean-Baptiste Grenouille, el hombre (!) con el mejor olfato de todos los tiempos. Esto, a mí por lo menos, me fascina en un primer momento: no, no lo de que tenga el mejor olfato de todos los tiempos, sino el hecho de que todo gire en torno a alguien como Grenouille, alguien que es, al fin y al cabo, un monstruo. Es una novela sobre Grenouille, sobre un psicópata. Pero ojo, no un psicópata entendido sólo como el asesino, sino como alguien que está fuera de la sociedad, más allá de la moral.

viernes, 5 de abril de 2013

Jun'ichirō Tanizaki – La madre del capitán Shigemoto (1949)



 “En lugar de tenerla esperando su muerte, él se consideraría muerto desde ese momento, y consagraría su vida a alegrar la de ella”

[Oye, ¿cómo se hacía esto? ¡Que no me acuerdo! ¿Qué? Ah, ¿ya está el micro abierto? Jo, voy, voy. No me metáis prisa. A ver…]

¡Hola! ¿Me recordáis? Sí, soy yo. Spartan George ha vuelto a daros la plasta. Lo siento, sé que los días sin mí se han hecho cortos. Pero no todo es felicidad en esta vida, tendréis que soportarme como a una nube cargada de lluvia en forma de palabras. Que no iba a dejar solos a mis compañeros que tan bien lo han hecho estos meses, jo. Bueno, vamos a ello.

Os traigo, como vuelta a mi mundo de crítica, una novela de la que no sabía absolutamente nada hasta hace dos semanas. Nada de nada. Estaba por la biblioteca buscando algo de… ya ni me acuerdo de quién. ¿Simak? Probablemente. El caso es que me topé con un libro cuyo título me atrajo horrores: La madre del capitán Shigemoto. Lo cogí. “Jun'ichirō Tanizaki”. Vaya, literatura japonesa. Hmm, del siglo XX… Echémosle un vistazo.


martes, 2 de abril de 2013

I Taller literario "Versos y acordes"





Vamos a ver... Por si alguno de los seguidores no os habéis enterado y os interesa, os cuento brevemente, que no quiero spammear el blog.

Se me ocurrió la idea, y viendo la acogida que ha tenido la llevaré a cabo, de dar clases de introducción a la poesía y a letras de canciones. Básicamente se plantean en principio un total de 10 sesiones (cinco de poesía y cinco de lyrics) de 45 minutos cada una, más o menos. Las sesiones se celebrarían los viernes, y nos reuniremos a eso de las 16:20 de la tarde en la salida del metro de Vicálvaro, siendo la primera sesión el viernes 12.

Como 10 sesiones quizás sean muchas, sobre todo para concertar horarios (serían más de dos meses) haremos sesiones dobles de cerca de hora y media (como buena parte de las sesiones estaremos escribiendo, y tendrán parte de tertulia, pesado no se hará), lo que nos dejaría un curso de cinco semanas, más fácil de cuadrar.

En cuanto al apartado del dinero... En un principio pensé en cobrar el curso, aunque luego me decidí a hacerlo gratis, "por amor al arte". Sin embargo, algunos me han recomendado que lo cobre, y sé que muchos os sentiríais "en deuda" conmigo si lo hiciera gratis... He decidido establecer un precio mínimo, negociable incluso, de 5-10 euros el curso completo. Como sois en general personas en las que confío por completo, y repito que esto me da igual cobrarlo que no cobrarlo, me lo pagaréis al término de la primera mitad del curso o al final de este: si os ha gustado y creéis que os ha servido para algo, me pagáis; si no, no. Así de sencillo. También os permito pagarme en especias (aka. "con discos de segunda mano que me compréis en La Metralleta").

A los interesados en apuntaros, podéis decírmelo por aquí.

Necesito confirmación de asistencia antes de la semana que viene, para saber cómo y dónde vamos a reunirnos y demás.

En fin, cierro ya. Espero que esto os haga tanta ilusión como a mí y que el curso sea una oportunidad para que nos veamos algunos de los que de por aquí no nos vemos tan a menudo como me gustaría.

Aprovecho la oportunidad para avisar de que pronto, muy pronto, volveré con nuevas críticas al blog que tan magníficamente han mantenido mis compañeros en mi ausencia.

Allez-y, mes ami!

Buenas tardes, y buena suerte.

lunes, 1 de abril de 2013

Ernest Hemingway - Islas a la deriva (1970)




Puede que sea apenas lo bastante hijo de puta para ser un buen escritor.


Pocos personajes literarios del siglo XX han sido tan carismáticos como el estadounidense Ernest Hemingway. Íntimamente unido a nuestro país desde que fue corresponsal en la Guerra Civil, aventurero, juerguista y uno de los intelectuales más reconocidos de su tiempo, siendo protagonista de la Generación perdida que vivió el período de entreguerras. Pero en sus últimos días la leyenda se hace carne. Totalmente desencantado, se refugia  en la isla de Cuba, donde sufrió varios problemas de salud como depresión y principio de alzheimer. En ese tiempo, antes de dispararse con una escopeta a si mismo en 1961, escribió el novela corto, que fue el ganador del Premio Pullitzer, El viejo y el mar; recibió el Premio Nobel en 1954 y escribió la novela que les presento, Islas a la deriva, que fue publicada póstumamente en 1970.


Si en El viejo y el mar podemos ver a un Hemingway enfrentado a su destino, al que sólo puede resignarse, aquí el destino le destroza por completo. El protagonista, Thomas Hudson es un hombre retirado en una isla donde disfruta de la vida tranquila y de la pintura. Sus tres hijos le visitan por sus vacaciones, acompañados por amigos de su padre como el escritor Roger. Pero llega toda felicidad es efímera y el mundo de Hudson queda finalmente a la deriva, sufriendo terribles acontecimientos.

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