sábado, 1 de febrero de 2014

Neil Gaiman – The Sandman (1987 – 1996)



 “Hasta la libertad del Sueño puede ser una jaula, hermana.”

Esta es, probablemente, la crítica más complicada a la que me he enfrentado en toda mi “carrera” como crítico. Que si bien no ha durado mucho en el tiempo (algo menos de cuatro años y medio), ha dejado a mi espalda más de 200 reseñas. Con lo que os haréis una idea de lo complicada que me resulta esta... y de lo mucho que deseo que nuestros amigos de Superman lee a Poe hagan pronto justicia a una obra a la que yo dudo que pueda hacerla.

Y es que no resulta sencillo hablar de The Sandman, y dar una visión general de lo que supone este cómic sin incurrir en multitud de spoilers y sin chafar las sorpresas de la saga. Porque esa es, desde el primer instante, una de las bazas que mejor juega Gaiman: la de la intriga. La obra es de un calado enorme, que se fue extendiendo durante 75 números a lo largo de casi 10 años, lo que permitió que alcanzara una gran complejidad muy difícil de abarcar.

Tanto es así, de hecho, que muchos de los elementos principales de la serie, tardan bastantes números en llegar a aparecer. Es lo que sucede, por ejemplo, con los Eternos, una serie de encarnaciones antropomórficas de diversos conceptos suprahumanos, que se van dando a conocer poco a poco según avanza la serie: de los siete que son, a seis los conocemos relativamente pronto, en los dos primeros tomos (en la edición llamada “Eterna” que Planeta DeAgostini lanzó, reuniendo los 75 números y varios especiales en siete tomos), mientras que al séptimo de los hermanos tardamos más de 40 números en descubrirle.

El núcleo de la serie gira en torno a uno de los siete Eternos: Sueño, señor y a la vez encarnación de esta idea. Es un personaje que Gaiman retomó de anteriores creaciones de DC, aunque cambió por completo la apariencia, historia, origen y, en general, todo lo relativo al personaje, dejando tan solo la inspiración que le dio vida. Aquí, Sueño de los Eternos es capturado por un mago ocultista que le mantiene cautivo durante 70 años, hasta que logra escapar y se lanza a la recuperación de su reino y a arreglar asuntos pendientes...

Ese es, sin embargo, el argumento de un pequeño arco de la serie, que no siempre (raras veces, de hecho), tiene a Sueño como principal protagonista. A menudo éste no es sino el hilo conductor de una multitud de historias de todo tipo, que se van sucediendo y encadenándose unas a otras de forma constante, hasta crear una amplísima mitología que a veces resulta un tanto complicada de seguir.

Porque como decíamos arriba, es esa complejidad lo que más destaca en la serie. Los números abundan en multitud de referencias y personajes que aparecen una y otra vez, pero cuyo aspecto, debido a la presencia de multitud de dibujantes (una quincena de ellos, como poco, incluyendo a nombres como Mike Dringenberg, Dave McKean o Jill Thompson), no hace más que cambiar. También son comunes los personajes de DC a los que Gaiman homenajea aquí, y cuyas apariciones van desde las más centrales (John Constantine, John Dee, los Sandman de series anteriores, Caín, Abel, Lucien...) a referencias sutilísimas en forma de homenaje (el Detective Marciano, Batman, Clark Kent...).

El punto culminante de esta historia, que va mostrando una evolución progresiva de Sueño, lo encontramos en dos momentos: en el arco de Vidas breves (donde conocemos al séptimo Eterno, por fin), que supone uno de los momentos de mayor esplendor argumental y visual de la serie; y en el arco de Las benévolas, que supone el cierre de la historia central y un punto verdaderamente álgido. El último arco, cuyo nombre no diré, ata cabos sueltos y tiene, a mi gusto, algunas historias un tanto superfluas... pero que se colocan al final para evitar spoilers sobre la serie.

Resulta por otra parte sorprendente el enorme nivel que tiene la serie a lo largo de todos sus capítulos. Es cierto que hay capítulos, o dibujantes, que me gustan menos que otros, pero en general todo tiene un nivel de excelencia al que apenas se le pueden achacar fallos. Gaiman es capaz de contar un millar de historias y hacer todas interesantes y, sobre todo, de hacer que el lector se sumerja en un mundo nuevo y mágico (porque si de algo sabe Gaiman es de crear mundos y reinventar mitologías) con su propia historia que contar.

Y de emocionar. Si no te emocionas con el final de The Sandman es que no tienes corazón. Así de sencillo. A mí me saltó las lágrimas en más de una ocasión.

En general, pocas cosas “malas” podríamos decir de la serie. Ciertamente, al ser tan extensa y compleja hay detalles muy enrevesados, o complicados de seguir (sobre todo cuando te topas con un personaje que a lo mejor llevaba 40 números sin aparecer), pero en ello radica también parte de su encanto, que muy pocos podrían conseguir.

Por otra parte, no es menos destacable el hecho de que la serie se haya tratado con una enorme justicia por parte del público y la crítica. La lista de bestsellers del New York Times la incluyó sin titubeos; Entertainment Weekly tuvo a bien situarla en el puesto 46º entre las lecturas más interesantes de 1983 – 2008, y tanto Sueño como uno de sus hermanos Eternos fueron elegidos entre los 20 mejores personajes de la historia del cómic. Cosa que es mucho decir.

Personalmente, me ha parecido, si no el mejor, uno de los mejores cómics que haya leído en mi vida. Y ha entrado directamente en mi top 3 de favoritos (junto con Berserk y 5 Elementos) imponiéndose en calidad a los otros dos. Hacía mucho tiempo, de hecho, que no me cautivaba tanto una obra como para escribir mi propia ficción inspirada en ella (en este caso un poema sobre los Eternos del que estoy modestamente orgulloso).

Es imprescindible. Y muy recomendable leerlo sin saber nada de antemano (o como mucho sabiendo las cosas que comento en la crítica) para evitar spoilers.

Y cuando todo termina, como diría un gran hombre (o mujer)...

"Y entonces... Intentas seguir dormido, desearías que durase eternamente. Sabes que, cuando termine, este sueño nunca volverá... pero despiertas".

Allez-y, mes ami!

Buenas noches, y buena suerte.

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LO MEJOR: los Eternos en general (todos, salvo un par de ellos que me gustan menos, me parecen geniales), los arcos de Vidas breves, parte de El Fin de los Mundos, y el final de Las benévolas, así como los epílogos y los especiales Noches eternas (que dedicada una historia a cada uno de los Eternos) y Cazadores de sueños (una fantástica historia en la línea de los mitos tradicionales japoneses).

LO PEOR: hay muchas referencias que, si no eres asiduo del cómic, se pierden, y es tan complejo que en muy contadas ocasiones resultan caóticas tantas historias abiertas.

VALORACIÓN: 9,5/10. No le doy la matrícula por poco... y no sé por qué. Quizás porque lo habría disfrutado ligeramente más siendo mayor fan de DC, o porque hay capítulos que no me encandilan del todo.

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P.D: como nota final, cabe añadir que tras años de rumores sobre una adaptación televisiva, finalmente se confirmó que la serie se llevaría al cine, con Joseph Gordon-Levitt dirigiendo y posiblemente protagonizando lo que seguramente sea una saga. El propio Gordon-Levitt confirmó que está trabajando en el proyecto con el guionista de El caballero oscuro (David S. Goyer) y Neil Gaiman en lo que seguramente sea una adaptación del arco Preludios y nocturnos que abre la serie.

P.D.2: la portada que utilizo en el artículo pertenece al tercer tomo de The Absolute Sandman, una edición de la serie en cinco tomos que DC realizó en sus colecciones de The Absolute. Personalmente, me parece más atractiva la edición Eterna en siete volúmenes que Planeta editó en España, y que dedicaba una portada a cada uno de los Eternos... Pero la portada del tercer tomo de Absolute es genial, eso es innegable.

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