martes, 4 de febrero de 2014

Neil Gaiman, Andy Kubert y Richard Isanove – 1602 (2003)



 “Si un diablo es alguien osado, mientras otros dudan, me alegrará ser el diablo de esta obra, chico. ¿Y quién serás tú?”

He de reconocer que, desde el primer instante en que lo cogí, este cómic se enfrentaba a un duro reto: devolverme la fe en la infalibilidad de Gaiman. Tras esa maravilla que es The Sandman leí un relato de Neil que me pareció bastante mediocre (tirando a malo), y aunque obviamente un relato no es suficiente para tirar por tierra mi amor por el escritor... bueno, obviamente influye. Es como ver La guerra de los mundos justo después de haber visto Salvar al soldado Ryan... ¿A qué fan de Spielberg no le resultaría decepcionante?

Como fuera, para quitarme el mal sabor de boca que me dejó El caso de los 24 mirlos, me topé ese mismo día en la biblioteca con 1602, un cómic que nace después de años de alejamiento y discusión entre Gaiman y la factoría Marvel (a raíz de diferencias de opinión con La Casa de las Ideas respecto del personaje “Marvelman”, una bronca en la que también estuvo de por medio Alan Moore), cuando Joe Quesada consigue, a principios de siglo, convencer al autor británico de que guionice una serie completamente nueva para ellos.

Finalmente, su camino se cruzará con el del dibujante Andy Kubert (y más tarde con el portadista Scott McKowen y el entintador Richard Isanove), y en 2003 lanzarán al mercado una miniserie de ocho episodios bajo el nombre de Marvel 1602, o simplemente 1602. Con ella, Gaiman cuenta que pretendía realizar una serie que devolviera la magia a las historietas de gente como Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko con las que había crecido, y que fueran una forma de evadirse por completo de la realidad que le rodeaba.


Al parecer, Gaiman comenzó a trabajar en la serie poco después del atentado del 11-S, y tras un viaje a Venecia, lo que le llevó a rechazar rotundamente una obra ambientada en el mundo actual. Así, decidió plantear una iniciativa enormemente original: crear un mundo que fuera un espejo del universo Marvel que todo el mundo conocía, pero que por diversos motivos, hubiera surgido 400 años en la Inglaterra isabelina.

De este modo, Gaiman lograba crear una vez más un mundo al tiempo nostálgico y completamente nuevo. Por las páginas de la miniserie desfilan las versiones del siglo XVII de Nick Fury, Peter Parker, Daredevil, los Cuatro Fantásticos, el Doctor Muerte, el Doctor Extraño, los X-Men, Viuda Negra... Todos ellos (y unos contra otros) deberán enfrentarse a un mundo que parece estar a punto de acabarse, y ser héroes en una época en la que los héroes modernos aún estaban lejos de existir.

A pesar de la brevedad de la obra, el guión de Neil se empeña, una vez más, en crear algo ambicioso y complejo, con una treintena de personajes principales compartiendo protagonismo a lo largo de una historia que nos mostrará un nacimiento alternativo de algunos de los superhéroes (como Spiderman o Hulk), pero que en general los respetará tanto como es posible en una época tan diferente de la actual.

El trabajo de Kubert a la hora de crear los nuevos diseños para los personajes que aquí desfilan es excelente y, en muchas ocasiones, incluso superior a la mayoría de visiones “convencionales” de los héroes: es el caso de Nicholas Furia, Matthew Murdock o, sobre todo, Thor (que es un vikingo de los de verdad, barba y trenzas germanas incluidas). Otros, por su parte, respetan demasiado la caracterización habitual (como ocurre con los Cuatro Fantásticos o Hulk), y no terminan por ello de encajar en este nuevo universo.

La historia está bien llevada y atrapa al lector, aunque su conclusión es quizás demasiado apresurada, y no permite un desarrollo lo bastante profundo como para ganar verdadero reconocimiento por sí misma. Aunque está muy bien realizada no deja de parecer sino una excusa para dar una visión alternativa del universo Marvel, sin contar en realidad una historia que interese de verdad.

Por otra parte, un gran acierto es la decisión de tomar a algunos de los personajes más famosos de Marvel para esta creación, lo que permite acercarla incluso a lectores que no conozcan los cómics de esta casa... Quizás fue ello lo que permitió el gran éxito de la serie, y la creación de tres secuelas que seguían la historia de algunos de sus protagonistas.

En general, sorprende y complace, pero tampoco deja la sensación de ser una obra imprescindible. Es original, fresca y atrevida, pero está constreñida por su intención de homenajear, que le impide levantar el vuelo con fuerza y personalidad propias, y que lastra bastante lo que podría haber sido.

¿Recomendada? Sí, a todos los fans de Gaiman o Marvel. O a quien interese ver cómo habrían sido los superhéroes de vivir en el siglo XVII. Pero para nada imprescindible.

Allez-y, mes ami!

Buenas noches, y buena suerte.

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LO MEJOR: la forma de adaptar algunos de los personajes, especialmente Thor (es que es fabuloso este Thor), y en general el dibujo. La frescura y originalidad de la idea.

LO PEOR: hay personajes que, de tan idénticos que son a sus versiones del siglo XX, pierden interés. Y la serie podría haber sido mucho mejor si se hubiera despegado de esa simple intención de ser un homenaje a Marvel, y hubiera contado una historia con mayor calado.

VALORACIÓN: 7,5/10. Interesante, pero mejorable. Quizás las secuelas lograran levantar un poco el listón.

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P.D: ¿soy el único que adora mucho las ediciones de la colección Marvel Deluxe? Tengo la de la Civil War por ahí y también me parece genial...

3 comentarios:

  1. La verdad es que es algo muy curioso. Quizá hubiera merecido la pena algo más extenso.

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  2. El planteamiento, la idea, es genial. Algo más extenso... ¿te refieres a mi reseña o a la obra? Si es a la obra, como digo, hubo tres secuelas: una con Spiderman, otra con los Cuatro Fantásticos, y otra que no recuerdo qué trataba. Pero bueno, efectivamente, creo que hacer algo más extenso con este arco central habría molado. Quizás doblarlo para hacerlo en dos tomos, y con 16 números en lugar de 8. Se podría haber desarrollado todo mejor y de forma más pulida.

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  3. Me refería, claramente, a la obra. La verdad es que le planteamiento me gusta bastante. Le echaré un ojo, o los dos, y juzgaré.

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