viernes, 14 de febrero de 2014

Kenneth Cook – El koala asesino (1986)



 “La mayor fuente de problemas de mi vida es que no paro de encontrarme con gente amigable en los bares. No solo estimulan mi tendencia natural al alcoholismo, sino que me meten en toda clase de líos en los que preferiría no meterme. La gente amigable me ha acosado en los bares desde que empecé a frecuentarlos, es decir, hace muchísimo tiempo”.

Hasta hace dos días (literalmente: hasta el miércoles por la mañana) no había oído hablar de Kenneth Cook en mi vida. Pero en una pausa que hice en la lectura de Matadero cinco de Vonnegut, me puse a vagabundear por la biblioteca de la universidad en busca de mi próxima presa. Literaria, no penséis mal. Algo de sci-fi ligera (salí de allí con La chica mecánica de Bacigalupi, que fue una grata sorpresa encontrar, la verdad), o fantástico, o una nivola apetecible... Y de pronto vi esto.

Me asaltó a los ojos el título, claro. El koala asesino. “¡¿Qué demonios?!”, pensé (imagino que como todos). Luego leí que se trataba de una colección de “relatos humorísticos de la Australia profunda”. Sonaba cada vez mejor. Y finalmente descubrí que el señor Cook no solo es periodista y escritor como yo, sino que también fue guionista y presentador de televisión, que como lepidóptero aficionado creo la primera granja de mariposas australiana y que cofundó un partido político que se opuso a la guerra de Vietnam. Lo peculiar de este caballero me convenció de que merecía la pena darle una oportunidad.

Y no la desperdició, en absoluto. El libro reúne 15 relatos breves (de unas 10 o 15 páginas cada uno) de tono costumbrista, que relatan de forma un tanto humorística episodios insólitos de las aventuras de un protagonista común que es, a la sazón, el propio Kenneth Cook, con una prosa bastante ligera, al estilo de un cuentacuentos, o del típico narrador de historias en un pub en una tarde calurosa.

De hecho, Cook insistía a menudo en que todas las historias reunidas aquí eran verídicas, y que si no las incluyó jamás en sus novelas era porque resultaban demasiado insólitas. Y ciertamente, lo son; así y todo, el empeño de Cook por hacerlas verídicas, afirmándolo en algunos puntos de los relatos (“sorprende la cantidad de cosas que uno no se cree que resultan ser la verdad pura y dura”), es tal que a menudo te sorprendes asintiendo, creyendo a pies juntillas en lo que te cuenta. Que, reitero, a pesar de lo insólito que resulta... podría ser verdad.

Eso se apoya también, como digo, en un estilo muy cercano y atractivo al lector, que siente en todo momento que Cook se está dirigiendo a él y a nadie más. El lenguaje es sobrio, en primera persona, y aparte de algunos términos de fauna o flora australianas, entra por los ojos, sin el menor problema.

Esa presencia de la fauna, por otra parte, es uno de los denominadores comunes de la mayoría de los relatos: gropers, cocodrilos, camellos, elefantes, gatos y perros salvajes, koalas y, sobre todo, multitud de serpientes (taipanes, de Mulga, culebras, víboras, pitones...), son en buena medida protagonistas de muchos de los relatos. Hasta en doce de ellos el foco de atención son animales, o tienen estos al menos una importancia relevante.

En ese sentido, además, cabe destacar algo curioso: ni dingos ni canguros (ni tampoco bandicuts o wombats, de hecho) aparecen en los relatos, a pesar de ser algunas de las especies más reconocibles del país; podría deberse a que no son comunes en las zonas en las que ambienta Cook la acción (a pesar de que, por lo que he entendido, los relatos se desarrollan en buena parte de Australia... más en el interior que en la costa, eso sí), o porque Cook odia a ambos bichos. Dudo que sea esto último, ya que no parece guardarle un cariño especial a ninguno de los animales de que habla.

En general, la temática es muy variada, así como el tono de las historias. Todas tienden, siempre, a un punto humorístico, pero mientras que en algunas de ellas éste es muy marcado, en otras supone solo una nota de color, y el tono general de la historia es casi más de extraña fábula moderna. Además, Cook tiene una gran facilidad para reírse de sí mismo, ya sea metiéndose con su sobrepeso una y otra vez (“yo me lancé tras él, imitando, como de costumbre, los movimientos de un gordo aterrorizado”), hablando de su presunta cobardía ante los animales salvajes, o afirmando cosas como “a lo mejor es que yo soy ligeramente retrasado”.

También la calidad de los relatos es bastante variable. La mayoría de ellos tienen comienzos o finales realmente impresionantes, siendo éste uno de los puntos fuertes de Cook; otros, sin embargo, tardan demasiado en arrancar (aunque esto no le pasa a casi ninguno) o se cierran de forma muy brusca y poco satisfactoria (esto sí que es más común).

Por otra parte, y a pesar de esa enorme variedad temática, y de que más allá de ciertos rasgos generales los relatos no tienen nada en común (por ejemplo, el propio Cook se describe a sí mismo en varios de los relatos... algo que nunca haría si quisiera dar una mayor unidad a la obra), suponen un conjunto coherente que resulta tremendamente agradable de leer, y que yo mismo he devorado en día y medio saltándome a la torera exámenes, y preparaciones de prácticas y exposiciones.

Tremendamente adictivo, ingenioso, con una divertida nota de humor y, sobre todo, muy exótico y atractivo. Y original, cuando menos. Porque la verdad, hasta ahora no había visto a nadie empezar un relato destripando mitos con tanto desparpajo, y quedándose tan a gusto:

No me gustan los koalas. Son unos bichos asquerosos, irascibles y estúpidos sin un solo hueso amistoso en todo su cuerpo. Sus hábitos sociales son vergonzosos: los machos siempre andan propinando palizas a sus semejantes y robándoles las hembras. Tienen mecanismos defensivos repugnantes. Su piel está infestada de piojos. Roncan. Su semejanza con juguetes adorables es una engañifa abyecta. No son dignos de elogio por ningún motivo.

Y además, una vez un koala intentó hacerme daño de una forma muy horrible”.

Allez-y, mes ami!

Buenas tardes, y buena suerte.

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LO MEJOR: lo memorables que resultan muchas de sus frases y, en general, el estilo sencillo, el humor y lo insólito de las historias (para nosotros, especialmente). En cuanto a historias concretas, “Cien botellines” y “El perro que amaba a los animales” me encantan (las dos, casualidad o no, transcurren en un pub).

LO PEOR: algunos relatos tienen un cierre demasiado brusco, o son historias sin un gran encanto. Ahí destacaría, curiosamente, “El koala asesino” (que tiene puntazos, pero que no dice gran cosa al final) o “Vic, el Hombre Serpiente” (una de las que empiezan genial y pierden mucho luego). Ah, y las ilustraciones del libro tampoco me gustan nada.

VALORACIÓN: 8/10. Siendo lo primero de Cook que leo, me ha conquistado. Veremos si es tan bueno como promete ser.

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