jueves, 22 de noviembre de 2012

Eduardo Mendoza - La aventura del tocador de señoras (2001)




Todos los allí encerrados perciben claramente la locura de los demás, pero ninguno a la propia. (Sobre los reclusos de un manicomio, extrapolándolo a la sociedad)


Una de las figuras más emblemáticas de la literatura española es el pícaro. El Lazarillo de Tormes o el Buscón de Quevedo son alguno de los ejemplos más característicos. El personaje ha seguido vivo, y en el 2001 volvió al ruedo de la literatura en La aventura del tocador de señoras.  


Eduardo Mendoza es uno de los autores más importantes del panorama contemporáneo español. Nació en 1943 en Barcelona, ciudad que se ha convertido en un personaje en gran parte de sus novelas. Fue abogado y traductor en la ONU. Su primera novela fue La verdad del caso Savolta, que causo sensación, considerándose una de las grandes novelas de la transición española. Cuatro años después comienza la serie del detective anónimo, con El misterio de la cripta encantada, a la que le seguirán El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras y El enredo de la bolsa y la vida, su última novela. Otra novela satírica es Sin noticias de Gurb, sobre un extraterrestre en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Otras novelas de temática más seria son La ciudad de los prodigios y Riña de gatos.


El protagonista, que mantiene su anonimato durante toda la saga, sale del manicomio en el que estaba encerrado y busca a su hermana, cuyo marido le da un trabajo en una peluquería de señoras. Tras dedicarse con entusiasmo y poco éxito a su nuevo empleo, una misteriosa y atractiva mujer le ofrece un trabajo, el simple robo de unos documentos en la empresa El Caco Español S.L. No podría imaginar que acabará siendo considerado el principal sospechoso del asesinato de uno de los empresarios más influyentes de la ciudad.


Los personajes son bastante singulares, siendo ridiculizaciones de las clases elitistas de la ciudad, con frases y escenas surrealistas. Hay dos mujeres que comparten identidad, un chofer negro y miope, una vecina que se prostituye especializada en el sadomasoquismo, un cuñado homosexual, el alcalde de Barcelona en plena campaña, el abogado Miscosillas, hombres de negocios, tullidos etc…


Es una visión, todavía no afectada por la crisis, de la Barcelona post-olímpica. Estafas, chanchullos y demás trampas con el fin de conseguir dinero. No son tipos inteligentes, ni siquiera hábiles. Simplemente no tienen escrúpulos. Una de las frases que más les representa es: Un proletario, haga lo que haga, nunca corre el riesgo de dejar de serlo. En cambio un rico, al menor descuido, se encuentra en el más absoluto desamparo.


El alcalde es uno de estos personajillos que han llegado a la elite de este país. Claro exponente de nuestra clase política. No quiere oír nada acerca de los asuntos turbios en los que está mezclado, su frase más repetida es “no debería oír eso”, sin embargo sus manos están tan sucias como la de los demás. Es incompetente, y un charlatán pedante capaz de soltar un gran discurso sobre un soldado romano sosteniendo al imperio y acabar con el ridículo: Nunca olvidaré esta imagen. En cambio he olvidado por completo lo que os estaba diciendo. Y mi nombre.


Si hay un personaje que realmente te caiga bien, es el subsahariano Magnolio. Valiente, honrado, amistoso. Capaz de pegarse una borrachera en un bar nazi simulando ser el sultán de Brunei. Se juega la vida por la ilusión de trabajar de forma honrada aunque sea en una peluquera de señoras.


El autor utiliza la primera persona. El protagonista es un irreverente busca vidas, que me recuerda al protagonista de Pulp de Charles Bukowsky, que ha vivido en el límite de la legalidad toda su vida, capaz de amenazar a un niño de esta manera: Si no me lo dices, acudiré a la policía y le diré que te he violado. A mí me dejarán en libertad y a ti te  encerrarán  en un reformatorio. No es la única frase de la novela capaz de dejar descolocado al lector, como en la biografía de Viriato, el cuñado: Durante un tiempo pensé en ingresar en un convento, pero me lo impidió no tanto el ser yo un maricón de tomo y lomo como el no poder abandonar a su suerte a mi anciana madre.


El estilo es bastante complejo, con un léxico bastante rico. Mezcla con acierto el idioma popular con el más culto, siendo común el uso de palabras tan selectas que apenas tienen uso actualmente. La descripción está bajo un prisma deformatorio ya que ni siquiera la mujer misteriosa es inmune a la ridiculización. Pero también es capaz de ponerse serio y soltar frases hasta románticas: Si no podemos hacer felices a las personas que el destino ha confiado a nuestra discrecionalidad, al menos hemos de evitar que las asesinen. La ironía y el sarcasmo están presentes en la totalidad de la novela, siendo constantes los chistes fáciles: Se dirigían a ella con los cariñosos epítetos de bruja y sapo.


La escena final es brillante. Todos los personajes implicados están en una habitación, intentando desentrañar el misterio y que acaba como tenía que acabar. Tarantino le daría su visto bueno


Lo mejor: La ironía, sarcasmo y surrealismo se juntan con la crítica. Los personajes están maravillosamente tratados.

Lo peor: La trama es quizá demasiado enrevesada y confusa a veces.

Valoración: 10/10

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