lunes, 21 de mayo de 2012

John Steinbeck -De Ratones y Hombres (1937)



Le gustaba tanto oír hablar de eso que yo llegué a pensar que quizá lo hiciéramos.

Creo que comenzaré la crítica con una noticia novedosa. Estamos en crisis. Sí es posible que ahora usted se este riendo de mí. Pero es que las cosas hay que decirlas. Que luego viene  Isabel Preysler totalmente atónita por la posible subida de los Ferrero Rocher. Bueno, no nos desviemos del tema. El caso de que lo de entrar en crisis no es una novedad. A lo largo de la historia ha habido varias, el hombre es tan gilipollas de tropezar en la misma pierda una y otra vez. La primera y la más virulenta en estos tiempos modernos y capitalistas fue la Gran Depresión de los años treinta. Y está novela es hija de la pobreza y la desesperación de esa época.

Hablemos del autor, John Steinbeck. Uno de los exponentes de la Generación Perdida junto a Hemingway, Faulkner o Fitzgerald. Generación marcada por el desencanto hacia el estilo de vida americano que se impuso, y sigue impuesto, en el mundo. Steinbeck se centra en los problemas sociales. Sus inicios fueron difíciles. No terminó sus estudios y fue consiguiendo varios trabajos incluyendo participar en la construcción del Madison Square Garden y llegó a ser un vagabundo. Finalmente volvió a su California natal, se casó y empezó a publicar obras literarias, con poco éxito al principio. Poco a poco va labrándose un nombre, hasta llegar a escribir grandes novelas como Las Uvas de la Ira o Al Este del Edén. Una de sus primeras novelas que podríamos denominar de madurez fue De ratones y hombres.

La novela trata de los avatares de dos hombres que encuentran trabajo en una granja durante la Gran Depresión. Uno de ellos es George, hombre pícaro que se gana la vida trabajando como una mula por un mísero jornal, junto a su gran amigo, Lennie, un disminuido mental, de gran fuerza física. George intenta salir adelante, a pesar de todas las dificultades, muchas causadas por la inocencia y torpeza de Lennie, en busca de un sueño, tener su propia granja que les aseguré la total independencia. Sueño casi imposible de conseguir.

Los personajes reflejan la sociedad de la América rural, pobre y brutal, el patrón, el gallito de su hijo, la mujer atrapada en al mediocridad, el viejo inútil, el negro discriminado y los jornaleros. Todos tienen una función social y suelen tener varios matices, siendo capaces de lo mejor y de lo peor. La mujer se muestra como una zorra, pero se humaniza al ver sus anhelos no respondidos o también podemos burlarnos del matón del hijo del patrón, que es humillado por los jornaleros y por su mujer. George es el caso más claro. Es capaz de insultar y de martirizar a su amigo pero mataría por él.

Lennie se merece un punto y aparte. Es un remanso de esperanza e inocencia. Un sueño imposible que pide que se lo repitan continuamente hasta que se vuelve en algo posible. Su obsesión por conejos, ratones y perritos que sin querer mata es otro rasgo característico. Se va convirtiendo en tu hermano pequeño sin que te des cuenta.Se une a la esperanza y la ternura, la tristeza de cómo le tratan a él, siendo despreciado por gran parte de los personajes.

La narración es en tercera persona. La base de la novela es el dialogo y los monólogos, lo que facilita su adaptación al teatro y al cine. De ahí se advierten todos los anhelos frustrados y temores de los personajes. Por tanto, el estilo es directo, no se distrae en la descripción ni pensamientos. La acción también está presente. La sencillez es otro de los rasgos, sencillez que se torna en brutalidad e incluso según algunas voces sensibles, en vulgaridad. El argumento es desgarrador, juega con tu esperanza y el final es el tiro de gracia. Pocos finales me han hundido más en mi vida lectora.

Ha sido llevada varias veces al teatro y al cine en numerosas ocasiones. Hay dos películas, una realizada en 1939 protagonizada por Burgess Meredith, el entrenador de Rocky Balboa, y otra en 1992, protagonizada por John Malkovich y Gary Sinise.

Actualmente en el Teatro Real están interpretando una versión teatral, a la que tuve la suerte de ir, dirigida por Miguel del Arco y protagonizada magistralmente por Roberto Álamo en el papel de Lennie, conocido por varios papeles, entre ellos Águila Roja, así como Fernando Cayo en el papel de George. Otros nombres importantes son Antonio Canal o Irene Escolar. Está magistralmente ambientada, lleva muy bien el ritmo y las interpretaciones son más que perfectas. Quizá sea demasiado extensa, más de dos horas sin descanso. Y también se excede en dotar de aspectos actuales a la obra, aunque estos son mínimos, resultando algunos anacrónicos, como es el caso del papel de la mujer y la homosexualidad.

Lo mejor: Es un reflejo brutal de la América rural. Sin maquillaje de ningún tipo.
Final desgarrador, no eres humano si no te deja KO.

Lo peor: Nada.

Nota: 11/10.  No se merece menos.

Obra maestra. Lectura obligada. En estos tiempos con más razón.


Solo se puede acabar está crítica con estas palabras:

 Los hombres como nosotros no tienen familia.Ganan un poco de dinero y lo gastan. A nadie le importa lo que les pase. Pero nosotros no. Yo te cuido a ti. Y tú me cuidas a mí. 

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