viernes, 20 de julio de 2012

Steven Pressfield - Puertas de Fuego (1998)



La guerra, no la paz, produce la virtud. La guerra, no la paz purga el vicio. La guerra, y la preparación para la guerra, inspiran todo lo que de noble y honorable hay en el hombre.

Los héroes pueden ser idolatrados. Pero las autenticas leyendas son las que consiguen la autentica inmortalidad, la inmortalidad que Alejandro Magno consiguió en Asia. Los nombres se esculpen en lugares más perecederos que la roca. Se vive eternamente en la memoria de sus contemporáneos que contaran la leyenda a sus hijos, escribirán poemas épicos de guerra y valor, forjando una leyenda mezcla de realidad  y mito. Los griegos eran conocedores de ello, y Alejandro, su estandarte se comportó como un verdadero héroe homérico. Otros no lo buscaron como el macedonio, pero consiguieron su lugar en la leyenda, como Leónidas y los 300.

domingo, 8 de julio de 2012

George Orwell - 1984 (1949)


Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente

Primero fue Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, luego Fahrenheit 451 del recientemente fallecido Ray Bradbury y ahora  llega el momento de cerrar el triangulo de distopías con 1984 de George Orwell.

George Orwell es en realidad el seudónimo de Eric Arthur Blair. Anticolonialista británico, se enroló en la policía de Birmania. Intentó labrarse una carrera de letras en Francia e Inglaterra, con inicios poco prometedores, obligado a realizar diversos oficios y acabar en un estado de indigencia. Participó en la Guerra Civil Española en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), donde empezó a figurarse como era el comunismo estalinista, sobre todo durante los conflictos en el bando republicano. En sus obras destacan El camino de Wigan Pier o Rebelión en la Granja, que también es una crítica al comunismo.

jueves, 5 de julio de 2012

Stanisław Lem – Fábulas de robots (1964)



“La dulce seguridad del muerto es incomparable. […] No se trata de un estado transitorio, sino de algo perdurable que nadie es capaz de quebrantar”.

Mencionaba el otro día, en mi crítica de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? al escritor polaco Stanisłav Lem, conocidísimo por su ciencia ficción filosófica y sus compilaciones de relatos cortos, que lograron dar una auténtica vuelta de tuerca al género y convertirle en un autor de referencia.

Recordaba yo con mucho cariño desde hacía varios años una de sus obras cumbre, Fábulas de robots, publicada inmediatamente después que su archiconocida Solaris. Y como preparativo para su gran obra, decidí releer este compendio de relatos cortos que tanto me gustaron en su día. Sin embargo, aunque me duele, tengo que admitir que me ha decepcionado bastante (y me estoy leyendo ahora La fiebre del heno, también suyo, que es un peñazo insufrible).

Manuel Chaves Nogales - La agonía de Francia (1941)


Antes mil veces la esclavitud a la guerra

1939. Hitler ordena la invasión de Polonia. Este es el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Tras un año de preparación y tanteo en el frente occidental, comienza la guerra. Los alemanes arrollan a los aliados, y en poco más de un mes, Francia firma un armisticio con su enemigo. ¿Cómo una potencia como Francia pudo caer de manera tan rápida? ¿Por qué los vencedores de la Gran Guerra aceptaron tan fácilmente su derrota, llegando a instaurar un gobierno colaboracionista?

viernes, 29 de junio de 2012

Patrick Rothfuss - El Temor de un Hombre Sabio (2011)


Vale la pena mentir por ti. Pero no te mentía. También vale la pena decir la verdad por ti.

Hay dos tipos de héroes. Están Aquiles y Héctor, campeones de cada bando, que luchan sabiendo que van a morir. Y están los héroes tras la derrota, o incluso en una más amarga victoria, como Ulises, obligado a surcar el mar buscando simplemente regresar a su hogar, una Ítaca que como bien dice Kavafis es yerma y pobre. En esta novela están las dos caras de los héroes en uno solo, en Kvothe.

sábado, 23 de junio de 2012

Fíodor Dostoievsky - El Jugador (1867)



Estoy mucho peor que un mendigo. ¡Nada de eso! Sencillamente estoy perdido.


¿Quién no ha jugado alguna vez? Todos lo hemos hecho. Todos hemos usado objetos, e incluso personas para diversión nuestra. Y llega un momento que nos obsesiona, nos captura, nos atrapa en un círculo del que no podemos escapar. Podemos negarlo, pero es así el juego se ha convertido en una necesidad.