lunes, 27 de marzo de 2017

Frank Miller y Lynn Varely - 300 (1998)


No sacrificaremos la regla de la ley por la voluntad y el capricho de los hombres. Así se hacía antes. La antigua, triste y estúpida tradición. La de Jerjes y todas las criaturas como él. Ha empezado una nueva era. Una era de grandes hazañas de razón. De justicia. De Ley. Y todos sabrán que trescientos espartanos dieron su último aliento por defenderla.

A estas alturas todos hemos visto 300. La película adaptada de un cómic, que a su vez se inspiró en el relato de Herodoto, incluyendo todas sus exageraciones, de una batalla donde los griegos – no solo había espartanos – fueron barridos en las Termopilas. Así que no pienso contenerme en hacer spoilers, que además no dejan de ser hechos históricos.

Podría contar como los espartanos tuvieron cierta parte de la culpa de la derrota al no movilizar a la totalidad de sus tropas. Pero de eso ya habla Javier Negrete en Salamina. Podría escribir de algún relato algo más realista como el caso de Puertas de Fuego de Steven Pressfield. Pero no, me voy a centrar en el cómic de Frank Miller que decide llevar al extremo a la leyenda pasándose por el forro la historia.



El rey Leónidas recibe la visita de un diplomático persa que le pide agua y tierra como signo de sumisión. Leónidas accede a su petición tirándole a un pozo. Esto provoca la ira del Rey de Reyes Jerjes que convoca a sus innumerables huestes, mientras Leónidas es traicionado por la propia tradición espartana y solo puede convocar a su guardia personal de 300 soldados.

Pero son soldados espartanos, entrenados para la guerra desde la infancia y expertos en el arte de matar. Tan expertos que deciden esperar a los persas en un estrecho desfiladero donde la ventaja numérica desaparece. Allí los espartanos vencen una y otra vez a los persas hasta que la traición de un deforme espartano rechazado en su nacimiento provoca la aniquilación de todos ellos menos uno que contará la historia de su sacrificio y como se negaron a rendirse antes de la decisiva victoria de Platea.

La guerra entre griegos y persas fue el primer combate entre el eterno conflicto entre Occidente y Oriente. Sin embargo, Frank Miller trata a los dos enemigos de forma maníquea. Los espartanos no son solo una fuerza de combate insuperable, sino superhombres también en sus convicciones morales basadas en defender a una ley frente la voluntad de los hombres, mientras los persas solo obedecen al capricho de un hombre que se cree Dios. También cabe señalar que los espartanos defienden la libertad y la razón y lo que Frank Miller quiera, pero 300 hombres se ven obligados a dar su vida por la ley espartana que también forma parte de la tradición y la orden de su rey de cumplirla.

La tradición -bueno parte de la tradición de Licurgo - también es criticada en la figura de los éforos que son sacerdotes corruptos, lascivos y deformes que no tienen nada que ver con la realidad. Pero Frank Miller moldea a Esparta a su gusto y lo convierte en una sociedad con rasgos fascistas – como la viñeta donde Leónidas le dice a un soldado que se calle porque la democracia es para atenienses y que le obedezca a él – e inspirada en la teoría del Superhombre de Nietzsche. Para Miller los espartanos son los defensores de la razón, la justicia y de sacrificar niños deformes. Mira, esto último lo hacían también los nazis.

Más allá de desvaríos históricos – el mismo Herodoto mete varios – e interpretaciones ideológicas, 300 es una obra epiquísima. En cada momento se puede sentir la gloria de la batalla. Las frases están llenas de desafío y determinación, y son como lanzas -violentas y certeras como nos acostumbra Frank Miller- que se ensartan en carne persa.

El color es sobre todo ocre de los yelmos y rojo de la sangre y las capas. Perfecto para un ejército matando a persas sin piedad. Del color se encarga  Lynn Varley, la ahora exmujer de Miller con quien ha colaborado en muchas de sus obras más reconocidas.

La verdad es que la adaptación al cine es tan buena que tiene poco que envidiar al cómic. Incluso lo mejora en algunos momentos añadiendo la trama de la reina Margo. Esto no desdeña al cómic pero la verdad es que más allá de algunos detalles, tampoco se pierde mucho en la adaptación cinematográfica. Incluso hay una gran similitud entre las viñetas con las escenas rodadas.

300 es una buena obra que entretiene. No es lo que más me ha gustado de Miller – ahí están Sin City, Ronin, El Caballero Oscuro, Batman Año Cero o Daredevil: Born Again – pero se lee y se disfruta.

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¿Tengo que leer esto?: Sí, si te gusta la película

Si tuviera que quedarme con un momento, ¿cuál sería?: Hay muchas escenas míticas pero me voy a quedar con el combate final.

¿Dónde debería leerlo?: En un desfiladero con un yelmo griego y un escudo. La coraza no hace falta.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: La película y todas las obras de Miller que he mencionado antes. Quizá la que podría ser más similar es Ronin.

Última posdata

La respiración rápida de los trescientos chicos que hay trás él... dispuestos a morir sin dudarlo. Todos ellos. Dispuestos a morir. Creen que saben lo que significa.

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