viernes, 18 de enero de 2013

Robert Graves - Yo, Claudio (1934)



“Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos) [...] voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida”

Y ya está. Directo, al grano. Me explico: con una sencilla frase, Graves hace una declaración de intenciones clara y concisa. A saber: esto será una novela histórica, sí, pero cargada de ironía y humor. En mi opinión, un gran comienzo, para una gran obra.

Robert Graves (1895-1985), escritor y poeta británico (aunque no tengo muy claro que haya que separar estos dos conceptos, pero este es un debate para otra ocasión), tuvo una vida bastante prolífica. Escribió numerosas obras de temas diversos, pero sobre todo novela histórica y obras históricas de no-ficción: Los mitos hebreos (1964), Los mitos griegos (1968), o La diosa blanca (1948). Aunque su obra más conocida es Yo, Claudio (1934), novela histórica, seguida en renombre por su “secuela”, Claudio, el dios, y su esposa Mesalina, (1943).

Bueno, una vez puestos en contexto, pasemos a “la chicha”, la novela en sí. Tengo que decir que no puedo hacer un análisis objetivo, porque me ha encantado de principio a fin (aunque esto sea parte del análisis en sí).

Con un personaje principal que hace de protagonista y narrador a la vez, aportando fluidez a la obra, la estructura es bastante entretenida. Aquí quiero hacer una matización: el hecho de que la estructura sea entretenida y fluida no implica que la novela esté bien estructurada, como es el caso. Claudio (o Graves, uno no sabe muy bien quién es el verdadero narrador), aunque sigue en lo general un orden cronológico bastante estricto, (como historiador que es), y logra una fidelidad histórica notable, salta hacia delante y hacia detrás constantemente. Aunque el capítulo en sí trate de una historia concreta, tiende a contar acontecimientos ya sucedidos u otros que habrán de suceder cronológicamente después. Digamos que tiende a “irse por las ramas”.

Por otro lado, el ritmo es fantástico: ni rápido ni lento, en su punto. Graves va contando historia tras historia, alternando momentos de paz y tranquilidad con conspiraciones y guerras varias (a mí me encanta la parte de la campaña de Germánico en Germania), con un movimiento vertiginoso al final de la novela.

Pero vamos al meollo en sí, la parte más trabajada de la novela: los personajes. Los personajes principales, aunque no dotados de una enorme complejidad, sí que muestran en general una evolución a lo largo de la novela, principalmente Claudio, que vemos cómo va abandonado su timidez e inseguridad de niño hasta convertirse en un cada vez más astuto político (aunque nunca se libre de su tartamudeo y deformaciones físicas).

Un personaje que a mí personalmente me ha encantado es el de Augusto. Aunque al principio parece el típico personaje que, simplemente, podríamos calificar de “vieja gloria”, y obnubilado por la influencia de Livia, recomiendo encarecidamente que si leéis la novela le prestéis atención, porque conforme avanza la narración va mostrándose cada vez más completo, y nos da una sorpresa final... interesante.

Por otro lado, otro personaje importante (sino el segundo en importancia tras Claudio), es Livia, la esposa de Augusto, que es compleja desde el principio hasta el final, y misteriosa durante prácticamente toda la obra. Una envenenadora consumada que es la que marca el ritmo al principio de la historia, que sin este personaje no podría funcionar.

Aunque esos son los tres pesos pesados, quiero mencionar también a Calígula. Todo el mundo ha oído hablar de este emperador, y las locuras y barbaridades que cometió durante su reinado. La novela nos ayuda a entrar en este clima desconcertante y aterrador de la mano de Claudio, y la evolución de Calígula, con ese punto de inflexión tan marcado es... maravillosa. Genial ejecución la de este tramo final de la obra.

En fin, no quiero excederme mucho más. Simplemente, os recomiendo, (y si pudiera ordenarlo a la manera de Calígula no dudéis de que lo haría), que leáis esta obra que os sumerge en los entresijos de la dinastía Julio-Claudia, la que sentó las bases del funcionamiento del Imperio Romano y, en mi opinión, la más importante de su historia.

LO MEJOR: creo que el clima, la manera de sumergirte en Roma. Aunque emplea algunas palabras impropias de la época, esto es para agilizar la narración, que te ayuda a entrar de lleno en los entresijos del Imperio.

LO PEOR: en algún momento a Claudio le da por ponerse a contar cosas durante largo rato que para él son fascinantes pero que se hacen un poco... pesadas. Será el síndrome del historiador.

Nota: 9/10. Quizá estoy muy emocionado por ser una de mis primeras novelas históricas. Me reservo el derecho de modificarlo con el tiempo.

2 comentarios:

  1. A mí me encantó esta novela y también encontré fascinante el personaje de Augusto :)

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  2. Yo me leí la secuela, de la que haré la crítica dentro de poco. Y en líneas generales coincido contigo. Es muy exacto y hay muchas anécdotas. Aunque muchas veces se va por las ramas, Graves es posible el mejor escritor de novela histórica del siglo XX. Y el más influyente sin duda.

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