domingo, 13 de enero de 2013

George R.R Martin - Choque de reyes (1999)




“-Dime una cosa, Bronn… Si te ordenara matar a un bebé… a una niña de pecho… ¿Lo harías? ¿Sin preguntas? / ¿Sin preguntas? No. Preguntaría cuánto.”


Siempre digo que la parte más difícil de una saga es el segundo volumen. Sobre todo si la primera parte ha tenido éxito y ha aglutinado un ejército de fans a su alrededor. Su pasión puede ser proporcional a su decepción y al número de críticas airadas. Las comparaciones pueden ser odiosas.


En Poniente, el trono sigue estando en disputa entre las familias de los siete reinos. Varios pretendientes se reconocen como reyes. Los cuernos de guerra suenan también en el norte, con la Guardia de la Noche explorando el territorio fuera del muro.



Si algo funciona no hay que tocarlo. Es una regla de oro. Y George R.R Martin la cumple a rajatabla. Vuelven a aparecer esas frases tan contundentes como el golpe de un hacha, acompañadas por violencia desaforada en forma de cargas a caballo, asesinatos en la oscuridad y batallas en el mar; sin olvidar al sexo simple y sin tapujos del que también hace gala en la saga. Y continua impartiendo lecciones sobre el poder, y como de fácil es caer, aún cuando estas en la cima.


En este libro Tyrion Lannister lleva la batuta de la historia, imponiéndose como uno de los personajes más carismáticos de la saga. El gnomo, que ahora ocupa el cargo de Mano del Rey demuestra habilidad y sangre fría para sobrevivir en la corte, al pueblo y una flota donde viaja una terrible sacerdotisa.


Arya Stark sigue un camino personal en un intento de llegar a casa, viéndose obligada a tratar con asesinos. El personaje Jaqen H'ghar es realmente fascinante por el misterio que le rodea. Un personaje que me ha sorprendido bastante es Sansa Stark, la niña mimada y consentida ve como su mundo de caballeros y princesas se derrumba, siendo ella la prisionera en esta bella jaula. Pajarillo, ese el nombre que le da Sandor Clegane, “el Perro”, un hombre que desprecia a los caballeros. Se divierte ayudando a quemar los restos del mundo de Sansa, a la que dirige estas palabras:


“Si no puedes protegerte a ti misma, muérete y aparta del camino de los que sí pueden. Este mundo lo rige el acero afilado y los brazos fuertes, no creas a quien te diga lo contrario.”

Jon ve por primera vez los peligros de la guerra para la que se ha entrenado. Mientras Bran  quiere ver que hay detrás de los sueños que le persiguen por la noche.

Aunque es una muy buena novela, y una digna sucesora, no deja de ser una obra de transición dentro de la saga. Los giros argumentales no son suficientes y gran parte se reservan para el final. No tiene el sabor de la primera parte. Están los ingredientes, pero no han sido debidamente sazonados. A esto no ayuda un ritmo lentísimo y pesado, que solo acelera en la gran batalla de Aguasnegras. Hay demasiada recreación, demasiadas frases y pocas acciones de verdad.  Eso si las palabras pueden ser, especialmente en la boca de Tyrion, muy bizarras:


- Mis consejeros de mayor confianza son un eunuco y un mercenario, y mi dama es una puta. ¿Qué soy yo?


El final me gusta. El libro va de menos a más. Pero tienes la sensación que no se ha avanzado demasiado en la trama. Eso si. Todo está preparado para que se desencadene la tormenta de espadas. Todos los personajes, que parecían perdidos, se ubican en su posición de batalla.


Lo mejor: Todos y cada uno de los ingredientes de Canción de Hielo y Fuego. Los Personajes, especialmente Tyrion.

Lo peor: Es muy lento. A veces el autor se recrea demasiado.

Nota: 7’3 Baja bastante. Hay que leer al prometedor Tormenta de espadas.


1 comentario:

  1. Tal vez sea más lento, pero yo creo que es porque tiene más juego dentro de la corte, con un espectacular Tyrion. EL siguiente, Tormenta de Espadas, tiene poco juego de corte y por eso parece ser más dinámico.

    Evidentemente, no es el primero (ya se sabe que segundas partes nunca fueron mejores), pero a mí me dejó con bastante buen sabor de boca.

    La crítica brutal, ya lo sabes.

    Furey.

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