martes, 16 de octubre de 2012

Lewis Carroll – Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (1865)


– ¡Que le corten la cabeza! –chilló a pleno pulmón la Reina

Hay veces en la historia de la literatura en que una obra, dirigida a un público presuntamente infantil (fábulas al estilo de las de Esopo o los cuentos de Perault y Andersen) trasciende fronteras y se convierten en auténticos éxitos de ventas entre jóvenes y mayores por igual. A veces tiene que pasar un tiempo para que ocurra, y otras veces es inmediato. Es el caso de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, o El hobbit, del grandioso John Ronald Reuel Tolkien. Y es lo que ocurrió, también, con Alicia en el país de las maravillas.


La magia de Alicia está en buena parte en su peculiaridad, tanto en su origen como en su contenido. Fue escrita por el matemático Lewis Carroll, que la narró de forma oral a las hermanas Liddell (de ellas tres una se llamaba Alicia), con quienes tenía una magnífica relación, durante un paseo en barca. Más tarde, Carroll escribió y publicó la obra, que pronto se convirtió en un auténtico clásico y fue seguida por una segunda parte, Alicia a través del espejo. Desde el primer momento, esa relación de Carroll con las hermanas Lidell se hace patente, en el poema que abre la obra y que es una clara referencia a ellas y a sí mismo, al momento en que la concibió.

La protagonista es una niña, Alicia, que un día, mientras está en el campo con su hermana, comienza a perseguir a un Conejo Blanco que parece llegar tarde a algún lado. Así, entra en una madriguera que le lleva a un mundo de fantasía cuajado de surrealismo y cosas imposibles o, cuando menos, realmente extrañas: animales fantasiosos, una reina despótica, un sombrerero loco, gatos sonrientes, soldados-carta e infinidad de otros personajes extravagantes pululan por el País de las Maravillas ante los ojos de una atónita Alicia que, a diferencia del lector, pronto deja atrás su escepticismo para aceptar todo lo que ve como algo normal.

El estilo de Carroll es muy sobrio, pero a la vez detallista, diseccionando con maestría las escenas para crear panoramas generales en los que el lector entra en seguida, sin ningún problema. A pesar de lo extraño que resulta todo, la mentalidad matemática de Carroll se hace ver en una ordenación muy clara de las cosas, fácil de seguir. Por otra parte, los argumentos de cada capítulo tienen poco que ver entre sí (aunque los personajes sean los mismos o hagan referencia a hechos anteriores), pues en el vagar de Alicia por el País de las Maravillas se enfrenta a situaciones que no parecen guardar ninguna relación entre sí.

La obra está teñida de una crítica voraz a los usos y costumbres de la época del escritor; sin embargo, esta es demasiado sutil, demasiado inaccesible para lectores sacados de ese contexto… Las indirectas son tan personales, tan íntimas del autor, que ni siquiera alguien que conoce moderadamente bien la época en que fue escrita (como es, modestamente, mi caso), puede entender la mayoría de ellas. Ni siquiera las parodias de canciones son fáciles de comprender; únicamente la crítica a la reina Victoria, contemporánea de Carroll y caricaturizada en la Reina de Corazones, es bastante clara para cualquier lector.

El final, por otra parte, he de reconocer que me parece bastante pobre e insatisfactorio y, aunque lógico (o quizás precisamente por eso), no parece encajar demasiado con el resto del espíritu de la novela, dando una sensación de, sinceramente (y me duele decir esto), tomadura de pelo.

El conjunto general, en fin, es una obra de imaginación desbordada, correcta en casi todos sus aspectos y sobresaliente en más de uno, con una influencia imparable en todas las artes de nuestros días (desde películas, como la de Disney, o la última adaptación de Tim Burton; a videojuegos, como ese extraño American McGee’s Alice o su reciente secuela Alice Madness Returns).

Sin duda, un clásico que merece la pena revisar.

Allez-y, mes ami!

Buenas tardes, y buena suerte.

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LO MEJOR: la desbordante imaginación de Carroll en su construcción de un mundo fantástico (y fabuloso). Capítulos como el juicio sobre el robo de las tartas, por ejemplo, son geniales, al igual que personajes como el Sombrerero Loco o el Gato de Chesire.

LO PEOR: la crítica social y la sátira que subyacen al argumento son demasiado retorcidas como para que el lector medio pueda captarlas. Y el final me resulta bastante decepcionante.

VALORACIÓN: 8/10. Una de las obras que más han influenciado la literatura y el cine de nuestros días y que, aunque tiene aspectos mejorables, es una maravilla en cuanto a originalidad se refiere.

5 comentarios:

  1. La verdad es que parece mentira, pero la literatura presuntamente infantil o juvenil esconde verdaderas joyas.

    Tengo que admitir que mi conocimiento se limita a las películas, que no tengo muy frescas. Aunque por lo que cuentas y mis recuerdos, parece que se paso de rosca con la originalidad.

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  2. No, a ver... El libro es un auténtico derroche de imaginación, un festival de surrealismo maravilloso. Lo disfrutas de una forma brutal, y la originalidad es lo mejor que ofrece el libro, sin ninguna duda, no sobra una sola gota. Lo que pasa es que la explicación que da a esa originalidad, en el final del libro, es muy cutre...

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  3. Gracias por la aclaración. Puede que sea cutre, pero creo que es la única salida que tenía el autor.

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  4. Salida coherente y lógica, por eso quizá no encaje.

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  5. Exacto, la lógica y coherencia no encajan. De hecho, se hacen ilógicas e incoherentes, aunque suene absurdo. No es la única salida que tenía... Es una salida tipo "Perdidos". Podía haber hecho algo menos creíble pero que, por eso mismo, habría quedado mejor...

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