lunes, 18 de junio de 2012

Philip K. Dick – ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968)



“Se te pedirá que cometas el mal allí donde vayas. Es la condición básica de la vida, has de violar tu propia identidad. En algún momento, toda criatura viviente se ve obligada a hacerlo”.

Nada más terminar Fahrenheit 451, me quedé con ganas de más ciencia ficción de mediados del siglo. Y como tenía esta novela corta de Dick a mano, y hacía tiempo que no la leía, le hinqué el diente (colaboró el hecho de que la tenía en inglés, y siempre se agradece poder leer algo en su idioma original) sin más dilación. El caso es que la terminé y me pareció tan genial como la primera vez. Pero como sé que hay gente que no piensa así (el otro día, sin ir más lejos, en una página de crítica que respeto bastante, vi que la suspendían sin reparos), pues intentaré aclarar el por qué me parece tan buena.

Philip K. Dick fue uno de esos autores malditos en vida. A pesar de haber ganado los premios Hugo y John W. Campbell Memorial, haber escrito más de 30 novelas (El hombre en el castillo, Ubik, o la que hoy os traigo son solo alguno de los ejemplos más conocidos) y más de 100 relatos cortos (cosa que elogiaba el propio Stanislaw Lem, otro de los pilares de la ciencia ficción del siglo pasado) y haber sido, en fin, uno de los autores que más influirían al género en los últimos 50 años, fue una de esas personas que jamás obtuvo en vida el reconocimiento que merecía. Sí lo logró tras su muerte, cosa que se demuestra por ejemplo, en la enorme cantidad de obras suyas que han sido adaptadas al cine. Empezando por la archiconocida Blade Runner, basada en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, y siguiendo por otras como Paycheck, Desafío total o Minority Report.

Si bien esta maravilla de androides y ovejas eléctricas, publicada en 1968, no fue nunca su obra más conocida (Ubik, por ejemplo, logró una fama mucho mayor), quedó elevada al estatus de mito cuando fue adaptada por Ridley Scott para la gran pantalla, y se convirtió en un épico Blade Runner, uno de los pocos casos en los que la adaptación cinematográfica supera a la obra original (a pesar de las enormes diferencias que separan a ambas). La trama se centra en Rick Deckard, un caza–recompensas en una Tierra post–apocalíptica, cuya misión es “retirar” a aquellos androides que se encuentren en el planeta azul, donde se les ha declarado ilegales. El problema es que los androides son idénticos, punto por punto, a los humanos y, lógicamente, no quieren dejarse atrapar.

Con ese trasfondo de novela policíaca y de aventuras, Dick construye una enorme distopía de desigualdades, donde la radiación ha afectado a los seres humanos hasta “degradarlos” y definirlos socialmente según sus capacidades. Se plantea la pregunta de hasta qué punto son humanos los androides y hasta qué punto lo son las personas; sobre qué es lo que hace a alguien humano, y sobre qué derecho tienen los propios humanos a decidir quién lo es y quién no lo es. La trama, mientras se ocupa de estas cuestiones más filosóficas, plantea los pilares de un mundo devastado por la guerra, que ha extinguido y diezmado a la práctica totalidad del reino animal (incluso una araña es algo sorprendente de encontrar, y otras especies, como las lechuzas o las tortugas, han dejado de existir), y que ha obligado a toda la población pudiente a emigrar a otros mundos, como Marte. Al mismo tiempo, advierte de los peligros de la deshumanización de la población que ha llegado al extremo de poder controlar incluso sus emociones, siendo así indistinguibles de los androides.

Si hay alguna pega que se le pueda poner al libro es su aparente eclecticismo. A menudo, en varios pasajes, los personajes se introducen en una realidad virtual gracias a sus “cajas de empatía”, una realidad propuesta por la filosofía religiosa dominante, el Mercerismo, y que les permite la autosuperación, mejorar como personas. Esta realidad, inmersa en un mundo onírico, se entremezcla con la narrativa de las escenas del mundo más real, al menos al principio. Sin embargo, a medida que avanza la novela, las escenas oníricas del Mercerismo se entremezclan con los ensueños y alucinaciones de los propios personajes, creando pasajes totalmente incomprensibles. Al margen de eso, el estilo es bastante fluido y sencillito, y la novela bastante corta, por lo que se lee en un santiamén.

Literariamente, cumple con creces, si bien es cierto que no alcanzó el estatus de obra maestra que sí logró (merecidamente) Blade Runner, y eso ha repercutido un tanto en la concepción que tenemos del libro. Sin embargo, el apartado filosófico que da pie a que el lector se cuestione a sí mismo (pues el autor no responde a las preguntas que plantea) es una auténtica genialidad.

Como curiosidad última, cabe comentar que Ridley Scott no fue el primero que se planteó adaptar al cine la magnífica obra de Dick, sino que a principios de los 70 Martin Scorsese, que ya empezaba a despuntar, había barajado el proyecto, que finalmente no llegó a cuajar. Lo que quiere decir que, desde luego, la novela tenía algo especial, para que gente de esa talla se interesara por ella

Espero que la disfrutéis, porque merece la pena.

Allez-y, mes ami!

Buenas tardes, y buena suerte.

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LO MEJOR: el mundo que crea Dick, que es fascinante, y esa discusión que plantea sobre qué es lo que hace humano a alguien.

LO PEOR: los pasajes en los que se confunde el ensueño del protagonista con esa realidad virtual en la que se sumerge, y que le restan bastante coherencia al conjunto.

VALORACIÓN: 9,5/10. Por enésima vez, repito que no es tan buena como Blade Runner, pero así y todo, sigue siendo magnífica. Aunque no incluya la mítica escena del discurso de Orión de Roy Batty.

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Os dejo también, por si alguno no la ha visto todavía (sacrílegos), el trailer de la película.

Trailer Blade Runner (en inglés)

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