jueves, 9 de febrero de 2017

Norman Mailer - Los Tipos Duros No Bailan (1984)



Para enfrentarnos al enemigo que vive en la dulce médula de nuestra espina dorsal, bebemos, tomamos marihuana, cocaína, nicotina, tranquilizantes y somníferos, aceptamos costumbres e iglesias, prejuicios e hipocresías, nos dejamos llevar por las ideologías y, sobre todo, por nuestra propia estupidez.

Dicen que el ego es lo que define el mundo digital que  está marcado por redes sociales, likes y retuits. Sin embargo, ninguna red social puede competir con un escritor arrogante. AL menos, el ego infinito de un escritor es sincero. Se puede presumir sobre mentiras en Instagram, pero no puedes mentir en el papel sin que se note, lo cual no deja de ser algo enriquecedor por otra parte, ya que la mentira es parte de la realidad. El escritor se desnuda en cada página, tanto para bien como para mal, y lo que deja a la vista son cicatrices, mortajas y úlceras podridas que invaden su maltrecho cuerpo.

Norman Mailer es uno de los escritores que han marcado el siglo XX y también el ego en persona. Mailer es el ganador de dos premios Pulitzer, el heredero del estilo de Hemingway, el rival encarnizado de Truman Capote y el que fue considerado como el mejor periodista de América. Escribió crónicas sobre Muhammad Alí, imitó A Sangre Fría de Capote y juzgó la participación de Estados Unidos en Vietnam. Mailer era alguien de excesos, muchos de ellos execrables, y se muestran sin tapujos en sus novelas, como es el caso de Los Tipos Duros No Bailan.

A Tim Madden le ha dejado su mujer y no para de beber. Tanto que no se acuerda si cometió un asesinato tras despertarse resacoso, con un tatuaje, una erección y sangre en su coche. Acojonado y siéndose un miserable, va desentrañando una historia turbia, llena de egos masculinos quebrados y rubias asesinadas.

La novela es de las que no dejan a nadie indiferente. Una obra que no cabría en nuestros tiempos modernos porque tiene partes machistas, racistas y políticamente incorrectas. Se centra sobre todo en el fracaso del macho. El hombre que ha visto como su matrimonio fracasa y pierde su función viril, siendo una metáfora de una vida de auténtico fracasado. Toda la novela es una sucesión de hombres que han caído en la locura de cualquier tipo. Aparecen matones, millonarios, un escritor fracasado, camareros, videntes, un abogado gay o un policía violento. Todos intentan parecer ser fuertes pero la realidad es que su vida está llena de grietas.

También las mujeres tienen su cuota de protagonismo pero son más un florero, un objetivo o seres de deseo perturbador. La obra está basada en un suceso real en la vida de Mailer. Acuchilló a su segunda esposa en plena borrachera, lo que le llevo a ser internado en una clínica psiquiátrica. Este episodio se presenta continuamente en esta novela; se puede ver su culpa, su debilidad y cierto arrepentimiento, pero también la frustración y la ira que está en el interior del autor.

Si algo trasmite la novela es desprecio. Desprecio hacia todo, sobre todo hacia su propia persona. El autor es egocéntrico y sobre él gira el mundo, pero no puede evitar despreciarse, ser consciente de sus actos deleznables. Es un intento de purgar pecados, y en el proceso se crea una auténtica obra de arte. Un texto tan obsesivo y oscuro como atrayente, con carácter propio, fuerte y con su propia carisma; un texto sobre la violencia que se guarda en nuestro interior. Todos la tenemos pero pocos la admiten.

El libro es una novela negra, tanto por el argumento de asesinatos como por el tono. Madden investiga sobre su vida, su pasado, sus borracheras y las drogas que ha consumido para ver que pasa con las cabezas de mujeres que aparecen en su campo de marihuana. Por el camino hallará sobre todo certezas negativas sobre él y quienes le rodean. Es como un viacrucis purificador para el personaje y un intento de reconducir su vida al final.

La narración es en primera persona. Es una obra densa, con continuos monólogos. Es una novela que bebe de la Generación Perdida estilísticamente y es aún más oscura en su temática. La trama es agobiante. Aunque hay una estructura en capítulos, el autor es bastante laxo y tiene tendencia en perderse en sus pensamientos que impregnan la novela y enriquecen una trama criminal que es bastante sencilla en si misma, ya que no busca suspense, sino reflejar la violencia natural y los bajos instintos del hombre.

La novela es magistral aunque no apta para todo el mundo. Un libro que retrata, más allá de las distinciones de género que hace, la flaqueza de los seres humanos y demuestra que, a pesar de todo, el ego normalmente aparece en los seres más frágiles y atormentados por ellos mismos.

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¿Tengo que leer esto?: Sí no tienes problemas con las salidas de tiesto, sí.

Si tuviera que quedarme con un momento, ¿cuál sería?: Yo me quedaría con los dos cara a cara finales.

¿Dónde debería leerlo?: Bebiendo y fumando maría en tu casa

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: Podemos recomendar más obras polémicas como American Psycho de Bret Easton Ellis, el realismo sucio de Bukowski Plegarias Atendidas de Capote y Fiesta de Hemingway, que también habla de la perdida de virilidad del hombre.

Última posdata

Los ataques de terror que padecía en plena noche, cuando mi cuerpo se incorporaba en la cama como movido por un resorte, sirvieron al menos para que sintiera un poco de compasión por todos los seres a los que vence el pulso irrefrenable de hacer lo que nunca debería hacerse – tanto si se trata de seducir niños de corta edad como de violar a muchachas adolescentes.

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