martes, 14 de abril de 2015

Marío Vargas Llosa - Los cuentos de la peste (2014)


No encontré en la realidad a la mujer de mis sueños.

Ya sabemos que Mario Vargas Llosa es un grande de la literatura. Un éxito que se ha consolidado en décadas con novelas que han marcado una de las generaciones más brillantes de nuestra lengua. Finalmente fue honrado con el Premio Nobel en 2010. El peruano no ha dudado ante los retos llegando a ser candidato a la presidencia de su país y todavía es capaz de sorprendernos con decisiones como debutar a sus 79 años como actor.

Ha sido el principal reclamo para Los Cuentos de la Peste. Ya no solo tenemos el texto para juzgarle sino su propia presencia en el escenario. Pero, ¿hay más que eso? Sin duda. 
 

Inspirados en los cuentos del Decameron de Giovanni Boccaccio, Vargas Llosa crea una obra llena de escándalo, sexo y miedo a la muerte. Una serie de personajes se reúnen en una villa mientras pasa la epidemia de peste que asola Florencia. Los cinco deciden huir de la realidad y refugiarse en la fantasía, contando, con al arbitraje de Bocaccio cada uno un cuento distinto.



El conde Ugolino (Vargas Llosa) es el que cobra más protagonismo. Está atormentado por un amor que ya murió y que no duda en torturarlo, la condesa de la Santa Croce, Aminta (Aitana Sánchez-Gijón). Un par de cómicos (Óscar de la Fuente y Marta Poveda) y el propio Boccaccio (Pedro Casablanc) completan el reparto.

Estos cinco actores forman un gran numero de personajes que moldean el universo de Boccaccio con el sello de Vargas Llosa. Producto de realidades difíciles, ya sea la crisis económica o la epidemia de peste, la perversión y lo grotesco protagonizan cada relato, aunque hay leves momentos para el amor más sincero. Casi todos los cuentos son cómicos. Las risas son quienes nos apartan de la realidad. Pero ella siempre vuelve y en esta obra lo hace en la figura de la condesa de la Santa Croce.

Fantasmal, intimidante y cruel, casi rozando el sadismo. No duda de torturar ese personaje atormentado por su recuerdo que es el conde Ugolino. Se funde a la perfección entre la realidad y la ficción, perteneciendo a ambas por derecho propio. Cabe destacar que es del tintero de Vargas Llosa, siendo su gran aportación a la obra, más allá de pequeñas modificaciones de los cuentos de Boccaccio. El trabajo de Aitana es excelente y hasta el público la mira con un respeto solo reservado a una santa o a un demonio.



A la obra le cuesta arrancar. No fue una buena idea comenzar con diez minutos oyendo a recitar a Vargas Llosa. Tras el frío comienzo cuesta volver a entrar en la obra pero cuando ya lo consigues disfrutas un espectáculo entretenido que va en aumento. El ritmo es correcto, siendo en ocasiones trepidante. Se mezcla la vulgaridad con fases más elegantes. Hay una gran contenido sexual incluyendo desnudos. También lo grotesco está presente, sobre todo en el cuento del mono.

Evidentemente Vargas Llosa no es un profesional y lastra un poco la obra con su actuación. Sin embargo no es un absoluto desastre y consigue tener al menos presencia y buena voz. Él manifestó días antes en una entrevista “no me preocupa el ridículo, pero sí me seduce mucho el riesgo”. Por encima de todas las calificaciones que podamos hacer sobre la actuación de Vargas Llosa, no podemos obviar la valentía con la que un Nobel decide embarcarse en una aventura en la que es un novato.

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¿Debería ver más?: Si te interesa una versión curiosa del Decamerón. 
Mejor escena: Los cuentos y el final.
¿Dónde debería leerla?: En Florencia, frente Santa María Novella o Santa María del Fiore.

¿Dónde hay más?: El mismo Decamerón. Si quieres ver otra serie de cuentos medievales ve a por Chaucer con Cuentos de Canterbury.

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