domingo, 23 de septiembre de 2012

Philip Roth - Némesis (2010)




Los demás vivimos y envejecemos cada día, pero él sigue teniendo doce años.


¿Quién no ha conocido a la enfermedad? ¿Quién no se ha visto postrado en el lecho, con fiebres y sudores fríos? ¿Quién no se ha mostrado impotente al ver que un ser querido se iba desvaneciendo lentamente, hasta la corrupción? ¿Quién no ha cuestionado sus más profundas convicciones ante el grotesco esperpento de la realidad?


Esta es la base de la novela que devuelve a Philip Roth a la elite del mundo literario. Este escritor, flamante nuevo Príncipe de Asturias de las letras, es uno de los mejores escritores americanos de su generación. De raíces judías, algo que estará presente en los personajes de sus novelas. Saltó a la fama con El lamento de Portnoy en 1969, gozando del respaldo del público y de la crítica. En la década de los ochenta se concentró en la sátira social y la integración de los judíos en América con su Trilogía Americana formada por Pastoral Americana - que ganó el premio Pullitzer – Me case con un comunista y La mancha humana.


Se le critica la reiteración de sus temas y un ritmo de publicación demasiado alto, provocando que su calidad narrativa perdiese regularidad durante la primera década del siglo XXI, regularidad recuperada con Némesis, obra que posee similitudes con La peste de Albert Camus.


La historia está enmarcada en la epidemia de polio en 1941 en Estados Unidos. La enfermedad se ceba con  niños judíos de la ciudad de Newark, de Nueva Jersey, la cuna del escritor. Los niños reciben clases de gimnasia de Eugene Bucky Cantor, joven atleta que no pudo ir a la guerra por un defecto en la visión. Su sentido de deber, que le pide permanecer junto a los niños a su cuidado, se verá visto a prueba cuando su novia le pide que huya de la ciudad y de la enfermedad, y se vaya con ella a un campamento de verano, totalmente saludable.


El narrador, que se descubre ya pasada la mitad de las páginas, es uno de los alumnos que admiraba al imponente profesor de gimnasio. Le describe como un Dios que les enseñaba como lanzar a la perfección la jabalina. Pero tras esa fachada se muestra a un hombre “de mente poco poderosa”. Sus dudas, sus debates internos sobre que hacer, su miedo ante una dantesca realidad le hacen llevar a un estado de desesperanza que le hace renegar de todo incluyendo a Dios.


Dios es otro de los temas fundamentales. Ya en la sinagoga se plantea seriamente de que Dios no existe, y si existe es un Dios cruel y traicionero. Esa percepción va remarcándose en él llegando a decir “Confiemos en que su Dios misericordioso les haya bendecido con todo eso antes de clavarles  el cuchillo en la espalda.”


La muerte está presente continuamente en la obra. Las cifras de muertos cada vez es más elevada. Los pequeños niños judíos están indefensos ante un mal que no se entiende ni se sabe como se extiende. La muerte de Alan es la más emotiva, tanto por ser la primera como por el extraordinario carácter del chico.  La escena del entierro es conmovedora y la emotividad del acto y los discursos de sus familiares se contagia al espectador. El autor escribe autenticas puñaladas de dolor e incomprensión como “Era imposible creer que Alan yaciera dentro de aquella caja de pino sencilla y de color claro por el mero hecho  de haber contraído una enfermedad de verano. La caja de la que no puedes escaparte. La caja en la que un niño de doce años tenía doce años para siempre.”


Pero la verdadera intención del autor no es enseñarnos la muerte, ni la enfermedad. Es mostrarnos como una sociedad se colapsa ante un problema debido al pánico. No podemos evitarlo, está en nuestra condición humana. Es el miedo y la desesperación lo que obliga a la gente a gritar, sollozar y buscar culpables de los más variados. Desde los italianos y los perritos hasta el calor y el sudor del ejercicio físico.


El miedo cede su protagonismo a la culpa, que se convierte en la reina en la segunda mitad de la obra. Las decisiones que tomamos, aunque se basen en buenas intenciones, pueden tener consecuencias fatales. El personaje siempre parece estar fuera de sitio, sobre todo cuando los amigos del joven están dando la vida en la guerra.


La obra toma el cuerpo de una tragedia griega. La estructura se basa en tres actos, siendo cada acto un lugar o época distintos, donde predomina un sentimiento totalmente distinto. Cantor evoluciona desde un joven atleta a un hombre totalmente desengañado e impotente ante una realidad que ha acabado con él. Va envejeciendo, tanto física como moralmente.


La narración es breve, rápida, ágil y sobre todo clara. Sin necesidad de grandes complejidades, el autor es capaz de describirte a la cuidad de Newark y a los habitantes del barrio judío. La psicología de los personajes y la sociedad está tratada a la perfección. La masa se comporta por impulsos, sin orden ni concierto. El lector empieza a formar parte de la masa, y empieza a compartir el miedo y su histerismo. El clima está perfectamente trazado y el lector se sentirá obligado a incomodarse y empezar a reflexionar.


En el final, todo el fatalismo que va acariciando la novela se muestra en toda su  realidad. La tragedia es completa. La verdadera pregunta es si es correcta la forma de asumirla del protagonista. En su degradación sufrimos la verdadera catarsis, ya dejamos de llorar por lo niños judíos y nos desesperamos ante como un gran hombre como Cantor acabe de esa manera.


Lo mejor: El tratamiento psicológico a una ciudad entera. Conseguir que una novela de temas tan complejos y espinosos sea clara, breve y sencilla. La tragedia  y su impacto en nosotros.


Lo peor: Puede ser demasiado repetitiva en ocasiones.


Valoración: 10/10 Uno los autores americanos de mayor calidad de esta segunda mitad del siglo XX, que no necesita cambiar su repertorio. Su sencillez lo hace asequible a todos. Aunque su fatalismo puede hundirte si llevas una mala racha.

2 comentarios:

  1. Joder, pinta cojonudo, y tu 10 invita a leerle, desde luego. Pero... le quitó el Príncipe de Asturias a Murakami. Así que, de momento, que le jodan, se ha ganado mi enemistad durante algún tiempo. He dicho.

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  2. Me he leído algo de ambos. Y de momento gana Roth a Murakami. Roth consiguió conmoverme. Repito me conmovió a MÍ. Solo digo eso.

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